La salud mental se ha convertido en una de las principales demandas de atención en la entidad potosina. Actualmente, los centros especializados en apoyo psicológico y psiquiátrico registran entre 25 y 35 consultas diarias, una cifra que refleja el creciente número de personas que buscan ayuda profesional para enfrentar problemas como ansiedad, depresión, estrés y otros trastornos emocionales.
Los números muestran una realidad cada vez más visible. En una sola semana, estos espacios pueden brindar atención a más de 170 usuarios, evidenciando una demanda sostenida de servicios enfocados en el bienestar emocional. Lo que durante años permaneció como un tema poco abordado, hoy se manifiesta en la necesidad constante de atención especializada para personas de distintas edades y condiciones sociales.
El aumento en las consultas también confirma un cambio en la percepción de la población respecto a la salud mental. Cada vez más ciudadanos reconocen la importancia de recibir acompañamiento profesional, mientras que las instituciones enfrentan el reto de ampliar la cobertura y garantizar el acceso oportuno a servicios psicológicos y psiquiátricos.
Panorama estatal: depresión no cede y ansiedad repunta en jóvenes
Las cifras oficiales refuerzan la alerta. Datos del Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica indican que San Luis Potosí cerró 2025 con 3 mil 425 casos de depresión. Para 2026, hasta la semana epidemiológica 20, ya se contabilizan mil 133 casos. La tendencia confirma que la depresión se mantiene como uno de los principales problemas de salud mental en la entidad, con mayor incidencia en mujeres.
En contraste, las enfermedades neurológicas muestran un comportamiento estable. En 2025 se registraron 173 casos de Parkinson y 61 de Alzheimer. Para 2026, los registros suman 49 y 4 casos, respectivamente.
El foco rojo está en la población joven. El psiquiatra y psicoterapeuta Ernesto Amaury Peñuelas González advirtió que los trastornos afectivos han crecido notablemente, sobre todo en personas de 14 a 25 años. “El incremento ya se venía dando, pero se intensificó tras la pandemia, no solo por las pérdidas humanas, sino por el impacto social, económico y el aislamiento prolongado”, explicó.
Pandemia, aislamiento y vida digital: detonantes
Peñuelas González indicó que la suspensión de actividades, la ruptura de rutinas y la disminución de la convivencia social generaron mayor presión emocional. El confinamiento afectó las habilidades de interacción en jóvenes al sustituir el contacto directo por la comunicación digital, lo que hoy se traduce en dificultades para relacionarse de forma presencial.
Sobre los síntomas, detalló que la depresión se manifiesta con tristeza persistente, vacío emocional o pérdida de interés, mientras que la ansiedad se relaciona con miedo constante, preocupación y sensación de urgencia. Ambos padecimientos pueden coexistir y escalar si no se atienden: de irritabilidad o bajo rendimiento, hasta ideación suicida y conductas autolesivas.
Servicios rebasados y rezago en atención
Pese al aumento en la demanda, el especialista alertó sobre un rezago importante en los servicios de salud mental. Aunque el número de profesionales ha crecido, sigue siendo insuficiente. A esto se suma la saturación en instituciones públicas, donde las consultas suelen espaciarse y dificultan el seguimiento de los pacientes. También influyen procesos administrativos que interrumpen tratamientos, así como la concentración de especialistas en grandes ciudades, lo que limita el acceso en estados como San Luis Potosí.
Universidades reflejan la crisis
El problema también se evidencia en el ámbito educativo. El Diagnóstico de Salud Mental Estudiantil 2025 de la UASLP revela que 18.7% del alumnado presenta depresión grave; 14.8% está en riesgo de autolesión; y 56.8% reporta niveles de ansiedad de bajos a altos.
El psiquiatra destacó que el estigma hacia la atención psicológica y psiquiátrica ha disminuido, lo que ha permitido que más personas busquen ayuda. Sin embargo, advirtió que esto también hace más visible un problema que sigue creciendo y requiere mayor atención institucional.
Cabe destacar que el comparativo entre 2025 y 2026 muestra que, aunque no hay incrementos abruptos en enfermedades neurológicas, la depresión y la ansiedad mantienen una tendencia preocupante, especialmente entre jóvenes. Especialistas coinciden en que el reto no solo está en atender los casos existentes, sino en fortalecer la prevención, la detección temprana y ampliar la cobertura de servicios de salud mental en San Luis Potosí.