Perder capacidades mentales, los recuerdos y el razonamiento crítico es una situación apremiante y dolorosa. ¿Qué le tuvo que pasar una persona para que su cerebro dejara de ser pleno y funcional? Mucho se habla de las fallas biológicas y de las actividades y hábitos que se pueden implementar para crear neuroplasticidad y por supuesto que todo eso funciona y es importante acompañarse del alto espectro de la medicina.
Sin embargo, hoy te invito a que exploremos esta palabra por distintas facetas. La palabra está conformada con la palabra mente y ¿Qué es lo que se escapa cuando no hay razón, juicio y capacidad? ¿Será la presencia plena? ¿Por qué es mencionada tantas veces en muchos medios la meditación como la gran medicina de nuestra época?
Porque tal vez es lo que nos urge, estar presentes plenamente para ser los dueños de nuestra mente, los directores de escena, los que pensamos por nosotros mismos y no ser pensados por la corriente energética de la turbulencia colectiva.
Es importante y urgente ser observadores de nuestras emociones, pensamientos, sensaciones y ambiente para no irnos de este plano aun estando encarnados. Vivir en el pasado ya sea por trauma, por melancolía, por duelos no resueltos o porque no nos gusta lo que estamos viviendo, es dejar al cuerpo que es nuestro hogar también, cada vez más vacío y en ruinas.
Es peligroso vivir con miedo al futuro, dejando que la mente que es la escritora y guionista más prolífica que puede existir realice historias trágicas, dramáticas e incluso terroríficas sin que nosotros estemos allí para darle una contención. Hay que estar aquí para moldear los pensamientos y respirar y comprender en todo nuestro ser que son solo eso, pensamientos.
Para estar en el aquí y ahora es importante observar lo que estamos pensando y si eso nos causa angustia, podemos hacerlo conciente y ponerle un título, por ejemplo; “me doy cuenta de que otra vez estoy pensando en la historia del miedo a las arañas”, allí ya hay alguien en casa. La persona está al mando, hay presencia. “Me doy cuenta de que otra vez, estoy pensando en esa persona que tanto daño nos hizo a mí y a mi familia.”
Si hacemos esto, nos volvemos mucho más compasivos con nosotros(as) mismos(as) porque podemos observar que hay algo que realmente no podemos digerir, que nos preocupa y que nos angustia y de esa forma, podemos tomar acción e ir a terapia. Recordemos que hay infinidad de filosofías, técnicas y estilos terapéuticos que nos pueden servir.
Porque si vamos dejando sin resolver lo que nos produce ansiedad y se queda sonando como una alarma vieja en el inconsciente, entonces, se acumula tanto que llega un momento en el que el mecanismo de supervivencia es desconectarse. ¿Por qué le damos mantenimiento a las máquinas de las que nos servimos en nuestro diario vivir, pero no lo hacemos con la principal que es nuestro hermoso cuerpo? El cerebro es un órgano tan maravilloso que deberíamos de cuidar con infinito amor.
Y lo más importante de esta reflexión es entender que tenemos que cuidar nuestros vínculos. Aprender a poner límites, a observar nuestro diario vivir, como somos tratados(as), si es que estamos cargando algo que no nos corresponde, si es que cargamos con algo ancestral que no tendríamos que padecer, si es que no sabemos cómo expresar aquello que nos duele, si reprimimos, si vivimos o estamos viviendo violencia explícita o encubierta y nunca lo hemos dicho ni tratado, etc, es fundamental para no vivir en supervivencia.
El cuerpo se cansa, el sistema nervioso colapsa de tanto sobrevivir y no vivir. Entonces, en realidad, el tema no es sobre un síntoma o enfermedad que ya se puso en escena en el cuerpo, sino que más bien, sobre nuestro diario vivir. ¿Qué acaso no nos vamos de nosotros mismos(as) cuando vivimos en queja constante, en negatividad, en reclamos, en juicios, en críticas, en adicciones, en distracciones, en infinidad de evasiones? ¿No es eso demencia? Ser dueños(as) de nuestra mente, dirigir el carruaje de los instintos en raciocinio unido a la intuición, el corazón y la pulsión consientes es menester para vivir plenitud y salud.
No se trata de convertirnos en monjes(as) y meditar todo el tiempo, pero si en momentos del día. Se trata de tener percepción conciente de nuestro dolor emocional, físico, mental, energético y espiritual. Se trata de mirarnos, de habitarnos y de que la mente esté al servicio de nuestra Conciencia y no al revés. Deseo para ti, que goces de habitar tu ser con conciencia y salud, que los tuyos puedan verte presente y disfrutar en muchas ocasiones de tu sonrisa, la cual responda a un sistema nervioso regulado y a tu ser conectado con el amor del espíritu de luz.
Gracias por caminar juntos.
Tu terapeuta.
Claudia Guadalupe Martínez Jasso.