moda y belleza

La delgadez no debería volver a ser una moda

Convertir un tipo de cuerpo en ideal de belleza afecta la autoestima, refuerza la gordofobia y vuelve a poner sobre las mujeres una presión histórica: cumplir con estándares ajenos para ser aceptadas.

Que la delgadez “se ponga de moda” es problemático no porque los cuerpos delgados estén mal, sino porque convierte un tipo de cuerpo en requisito de belleza, éxito, disciplina y valor social. Desde el feminismo, el problema está en que vuelve a colocar el cuerpo de las mujeres como territorio de vigilancia, comparación y control.

Cuando una tendencia impone la delgadez como ideal, muchas mujeres aprenden que su cuerpo debe ocupar menos espacio: menos grasa, menos cintura, menos hambre, menos envejecimiento, menos “imperfecciones”. Eso no es una simple preferencia estética; es una presión cultural que puede afectar autoestima, salud mental, alimentación, sexualidad, ropa, vida social y hasta oportunidades laborales.

Además, el ideal de delgadez suele disfrazarse de “salud”, pero no todos los cuerpos delgados son sanos ni todos los cuerpos grandes están enfermos. Reducir la salud a una talla refuerza prejuicios, gordofobia y culpa. La National Eating Disorders Association señala que la exposición mediática y la presión sobre la apariencia pueden aumentar la insatisfacción corporal y las conductas alimentarias de riesgo.

También afecta más a niñas y adolescentes, porque crecen viendo cuerpos editados, rutinas extremas, dietas restrictivas y mensajes de “antes y después” como si el cuerpo siempre tuviera que corregirse. En México, datos de Ensanut 2022 estimaron que el 2% de las adolescentes mujeres presentaban alto riesgo de trastorno de la conducta alimentaria, una proporción mayor que la registrada en hombres.

Desde una mirada feminista, esto importa porque la belleza ha funcionado históricamente como una forma de control: mientras más tiempo, dinero y energía se exige a las mujeres para “verse bien”, menos libertad tienen para vivir su cuerpo como propio. La delgadez como moda vende la idea de que una mujer vale más cuando se ajusta a un molde: joven, pequeña, controlada, deseable y aprobada por otros.

El problema no es querer bajar de peso, hacer ejercicio o cuidar la alimentación. El problema es que la cultura convierta la delgadez en obligación moral y castigue a quienes no la cumplen. Una sociedad más justa no debería imponer un solo cuerpo como aspiración, sino permitir que las mujeres existan sin que su valor dependa de una báscula, una talla o una tendencia.

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