En 1983, WarGames llegó al cine con una historia que parecía ciencia ficción, pero terminó adelantándose a muchas de las preocupaciones actuales sobre ciberseguridad, inteligencia artificial y el poder de las computadoras conectadas a sistemas críticos.
La película, dirigida por John Badham y protagonizada por Matthew Broderick, cuenta la historia de David Lightman, un joven aficionado a las computadoras que, mientras busca nuevos videojuegos, entra por accidente a un sistema militar de Estados Unidos. Lo que él cree que es una partida termina convirtiéndose en una amenaza de guerra nuclear.
Más allá de su trama de suspenso, WarGames se convirtió en una de las primeras películas en llevar la figura del hacker al centro de la cultura pop. Antes de que internet fuera parte de la vida diaria, el filme ya mostraba a un adolescente usando módems, contraseñas y accesos remotos para entrar a sistemas que parecían imposibles de tocar.
Uno de los datos más llamativos de la producción fue el enorme set del centro de comando de NORAD, construido especialmente para la película. De acuerdo con registros de producción citados por IMDb y reseñas especializadas, el escenario costó alrededor de un millón de dólares, una cifra inusual para la época y considerada una de las más altas para un set cinematográfico de aquellos años.
La preparación de Matthew Broderick también tuvo su lado curioso: al actor le dieron una máquina de Galaga para practicar y familiarizarse con la dinámica de los videojuegos arcade, elemento clave para construir la naturalidad de su personaje como joven obsesionado con la tecnología.
El impacto de WarGames no se quedó en la taquilla. La película fue un éxito comercial, recaudó más de 120 millones de dólares a nivel mundial y recibió tres nominaciones al Oscar, incluida la de Mejor Guion Original.
Cuatro décadas después, su premisa sigue vigente: ¿qué pasa cuando una máquina no distingue entre un juego y una amenaza real? Esa pregunta convirtió a WarGames en mucho más que una película ochentera: la volvió una advertencia temprana sobre los riesgos de confiar demasiado en los sistemas automatizados.