En el ocaso de su vida, el poeta beat Allen Ginsberg (1926-1997) dirigió una última carcajada sardónica contra el absurdo, las injusticias y explotaciones de la sociedad.
El autor referente de la generación beatnik, de quien este miércoles se cumple un siglo de su nacimiento, lo hizo convirtiendo a opresores y oprimidos en las parlanchinas calaveras de su poemario Balada de los esqueletos, que el sello español La Bella Varsovia recientemente ha publicado con traducción del argentino Andrés Neuman.
"Dijo el esqueleto militar: / ¡Bombas en las fronteras! / Y dijo el esqueleto de la clase alta: / No alimentemos a las madres solteras", plasmó Ginsberg en 1995, con evidente inspiración en el Día de Muertos mexicano, en esta colección de versos que circulara primero en la revista The Nation.
"Dijo el esqueleto despedido: / Los robots se robaron mi trabajo. / Y dijo el esqueleto de la mano dura: / ¡Palos a los de abajo!", se lee en la versión hecha por Neuman (Buenos Aires, 1977), entusiasta de la poesía de Ginsberg y en particular de esta última obra periférica a la que se refiere en entrevista como "una tremenda fiesta carnavalesca".
A decir del argentino, si bien en su momento este trabajo tuvo cierta notoriedad principalmente en el mundo anglosajón, en especial por la colaboración del poeta beat con Paul McCartney y Philip Glass para musicalizarlo, y que luego el cineasta Gus Van Sant dotó de imagen, en realidad constituye una faceta suya mucho menos conocida en contraste con sus obras emblema Howl (1956) y Kaddish (1961).
Lanzado no mucho antes de la muerte del septuagenario autor, este poema en cuartetas rimadas constituye una suerte de testamento; "no con respecto a la poesía en general, porque eso ya estaba dicho en sus grandes obras anteriores, sino con respecto a la situación colectiva en particular que él veía en el mundo del que le tocaba despedirse", apunta Neuman, también poeta y narrador.
"Sabía que no iba a tener tiempo y espacio de decir mucho más públicamente en forma poética, y elige referirse a su tiempo con estos poemas carnavalescos () Resulta una maniobra muy atrevida porque utiliza un tono popular, un poco cancioneril, muy oral y en ocasiones deliberadamente soez, para referirse a cuestiones que son verdaderamente trascendentales y serias.
"Y yo creo que eso es uno de los méritos específicamente literarios de este librito de Ginsberg, que hay una tensión permanente entre la seriedad del fondo y la ligereza de la forma; entre el drama de los temas que aborda y la carcajada negra del punto de vista".
Ese implacable humor negro de estos versos "en las antípodas de la solemnidad" es parte de lo que llevó a Neuman a querer compartirlos con el universo de lectores de habla hispana; "es decir, (Ginsberg) obtiene la complicidad y la escucha porque no sermonea al respecto de estas cuestiones, sino que se ríe con la más negra, sarcástica y tanática de las risas", remarca.
Aunado a ello, es la actualidad del "susto sociopolítico", de las situaciones que el poeta beat satiriza en voz de sus esqueletos, lo que acaso mayor impresión causó al argentino.
Y es que, aunque concebidas hace ya tres décadas, las estrofas de esta mordaz balada bien parecieran referirse a este presente lacerado por la precariedad laboral, la crisis ecológica, la intoxicación mediática y los discursos de violencia, segregación u homofobia, entre otros males sociales.
"Dan en el clavo de los males que aquejan a nuestros cuerpos y que, por lo tanto, amenazan metafóricamente en estos textos con convertirse en esqueletos andantes o en muertos vivientes. También hay ahí una metáfora de fondo.
"Están diciendo que nuestro modo de vida nos mata", prosigue Neuman, "y que hay una especie de fragilidad y de vulnerabilidad inmensa en el modo en como nos organizamos como tribu humana".
Tal lucidez no hace sino provocar una mezcla de admiración y terror; "uno no sabe si seguimos igual o si hemos vuelto al mismo sitio", se pregunta el argentino.
"No sabemos si es que fue profético o simplemente que los problemas estructurales que él señaló siguen ahí, como el dinosaurio de Augusto Monterroso. Nunca se fueron.
"Eso queda a interpretación del lector: ¿Adivinó Ginsberg el futuro o señaló constantes del presente que siguen siendo las nuestras? Ése es uno de los grandes misterios de ese poema", subraya Neuman.
En el volumen que ahora lanza La Bella Varsovia relucen los grabados de José Guadalupe Posada acompañando los versos de Ginsberg, "el gurú de los poetas beatniks, que a fines de los 50 habían descendido a México en busca de lo beatífico", como alguna vez escribiera Homero Aridjis.
"Hemos hecho esa elección, primero, porque esos grabados cuando los conoció Ginsberg le causaron mucha impresión, al parecer, y le sirvieron de inspiración", explica Neuman. "Pero además porque definen o resumen a los personajes, a los esqueletos parlantes que protagonizan estas pocas decenas de estrofas que componen este poema".
Se trata, además, de una entrega bilingüe donde conviven el texto original con la traducción de Neuman, para quien la poesía nunca se puede traducir literalmente en tanto no tiene un solo sentido.
O sea, leer poesía es traducirla, en el sentido de que cuando estamos leyendo un poema, aunque sea en nuestra lengua materna, lo estamos interpretando. Leer poesía es traducirla implícitamente a nuestro propio marco de referencias, a nuestro imaginario, a nuestra lengua personal, por así decirlo, porque los poemas no son unívocos y les atribuimos un sentido", expone.
De modo que no es simplemente hacer un traslado mecánico de una lengua a la otra, y en el caso de la Balada de los esqueletos la traducción resultaba aún más desafiante dada la musicalidad y el ritmo en el núcleo del fenómeno poético.
"Los chistes que incluye el autor en los remates de esos poemas descansan en las rimas. Son las rimas las que provocan la carcajada. Por eso me pareció que no tenía sentido traducirlo sin rimar", comparte Neuman.
"Pero, claro, rimar en español ha implicado un grado de invención que yo traté que fuera respetuoso y controlado, pero al mismo tiempo lo suficientemente libre como para que formal, sonora y tonalmente funcionase en nuestra lengua".
Así, ahí donde Ginsberg escribiera: "Said the Neo Conservative skeleton / 'Homeless off the street!' / Said the Free Market skeleton / 'Use 'em up for meat'", Neuman convirtió: "Dijo el esqueleto neoconservador: / En la calle ni un solo pordiosero. / Y dijo el esqueleto del mercado: / Que los hagan puchero".
En tanto que: "Said the Underdeveloped skeleton / 'We want rice' / Said Developed Nations' skeleton / 'Sell your bones for dice'", terminaría como: "Dijo el esqueleto subdesarrollado: / Queremos trigo. / Y dijo el esqueleto del país industrial: / Tu piel para mi abrigo".
Haber intentado traducir literalmente tales líneas, estima el argentino, hubiera sido una traición a la que constituye cierta excepción en la obra de Ginsberg por ser de un estilo tan distinto al resto.
No sólo se trata del proyecto más humorístico dentro de su poesía, sino también el más oral y ligado a las letras musicales; "es una especie de libelo rimado, mucho más popular y radial, si quieres", define Neuman.
"La generación beat con Ginsberg a la cabeza influyó mucho en los grandes letristas del pop, y al mismo tiempo los grandes poetas del pop fueron enriqueciendo la mirada que la poesía popular tenía en estos poetas que empezaron un poco antes del pop. Hubo una ida y vuelta.
"Así que no es casualidad, digo, que terminara sus días leyendo estos poemas junto a McCartney. Hay un sentido en eso", resalta el argentino.
De ahí también que una de las mejores maneras de presentar esta nueva publicación fuera recitando al compás de una guitarra, como sucedió ya en Barcelona; "y sería muy divertido repetir algo así en México, donde además el rock y la canción protesta han tenido una tradición estupenda", comenta Neuman, sin planes cerrados todavía, pero abierto a la oportunidad.