San Luis Potosí, SLP.- Mientras la inteligencia artificial avanza a pasos acelerados y comienza a influir en decisiones políticas, sociales y económicas, la Iglesia Católica lanzó una advertencia sobre los riesgos que representa el uso descontrolado de esta tecnología, especialmente cuando se utiliza para manipular información o sustituir el valor humano.
El vocero de la Iglesia potosina, Tomás Cruz Perales, señaló que la inteligencia artificial debe mantenerse como una herramienta al servicio del desarrollo humano y no convertirse en un mecanismo de control social o político.
“El riesgo de la inteligencia artificial es que atenta contra la verdad, la libertad y la dignidad humana de una persona”, expresó el representante religioso, al advertir que detrás de los algoritmos y plataformas digitales también existen intereses capaces de influir en la opinión pública mediante la desinformación.
La postura de la Iglesia surge en un contexto donde el uso de herramientas digitales y sistemas automatizados se ha vuelto cada vez más común en campañas políticas, redes sociales y estrategias comerciales, provocando preocupación sobre la pérdida de autenticidad y la manipulación de contenidos.
Cruz Perales consideró que la tecnología no puede colocarse por encima de los principios humanos ni reemplazar aspectos esenciales como la empatía, la conciencia o la responsabilidad ética. “La inteligencia artificial no posee experiencia humana ni sensibilidad real”, sostuvo.
Además, advirtió que el crecimiento tecnológico también podría profundizar problemáticas sociales como el desempleo, la precarización laboral y la deshumanización, especialmente cuando los modelos económicos priorizan el rendimiento tecnológico antes que el bienestar de las personas.
“Se están construyendo modelos económicos que sacrifican a las personas en nombre de la eficiencia tecnológica”, comentó el vocero, quien insistió en que el avance digital debe ir acompañado de responsabilidad social y ética.
Ante este escenario, la Iglesia llamó a promover “una cultura de comunicación más humana, responsable y orientada al bien común”, donde la tecnología sea utilizada como apoyo y no como sustituto de la conciencia humana.
La reflexión de la Iglesia se suma al debate mundial sobre los límites éticos de la inteligencia artificial y el impacto que puede tener en la vida cotidiana, especialmente en una era donde la información falsa, la manipulación digital y la automatización comienzan a redefinir la relación entre las personas y la tecnología.