Tablero político
En el tablero político de San Luis Potosí hay quienes juegan ajedrez y quienes apenas aprendieron a mover las fichas. El problema es que varios actores ya comenzaron la partida del 2027 creyendo que la política se gana con ruedas de prensa, destapes prematuros y discursos disfrazados de “agenda pública”, cuando en realidad lo único que exhiben es ansiedad de poder.
Esta semana quedó claro. Mientras la dirigente estatal de Morena, Rita Ozalia Rodríguez, convocó reflectores para presumir “carro completo”, afiliaciones y músculo territorial, el mensaje de fondo fue otro, la obsesión por controlar todo antes siquiera de que arranque formalmente la elección. Morena ya no habla de gobierno, habla de posesión. Gubernatura, alcaldías y Congreso como si fueran casillas conquistadas antes de la batalla. Mucha aritmética electoral y poca autocrítica.
En el PAN el espectáculo no fue distinto. Verónica Rodríguez convocó bajo el elegante disfraz de “agenda pública”, aunque terminó convertida en ceremonia de destapes. Ahí aparecieron los nombres, los grupos, los apellidos reciclados y la desesperación por posicionarse en la capital. Cuando un partido habla más de candidaturas que de ciudadanía, no está construyendo proyecto; está repartiendo herencias.
Y en medio de ese ruido hay una figura que, curiosamente, juega distinto, la senadora Ruth González Silva. Porque mientras todos adelantan campañas, ella insiste en hablar de reformas, regulación de inteligencia artificial, filtros contra candidatos ligados al crimen y trabajo legislativo. Paradójicamente, quien menos habla de la gubernatura es quien más aparece en las encuestas rumbo al 2027.
Ahí está la verdadera jugada. En ajedrez, el jugador más peligroso no siempre es quien mueve más piezas, sino quien obliga al resto a descubrirse solos. Ruth no se destapa, no acelera, no organiza ruedas de prensa para vender ambición. Y eso ha provocado que PAN y Morena jueguen nerviosos, adelantando movimientos, enseñando estrategias y exhibiendo sus fracturas antes de tiempo.
Porque mientras unos hacen campaña disfrazada de agenda pública, ella habla de iniciativas. Mientras otros pelean candidaturas, ella construye narrativa institucional. Y en política, quien logra parecer menos desesperado suele llegar más fuerte al final de la partida.