En el tablero político de San Luis Potosí ya nadie mueve peones por casualidad. Cada partido juega con la desesperación de quien sabe que el reloj electoral rumbo a 2027 comenzó a correr y que cualquier movimiento mal calculado puede terminar en jaque mate.
Morena llegó creyéndose rey invencible, pero las piezas nacionales empiezan a pasarle factura. El caso de Rubén Rocha Moya y los constantes señalamientos que han rodeado a figuras morenistas como Américo Villarreal o Cuauhtémoc Blanco han abierto grietas en el discurso de la “transformación moral”. Aunque muchas acusaciones siguen sin sentencia, el desgaste público ya existe. Y en política, la percepción también captura piezas.
Ahí el PRI intentó jugar de alfil agresivo. Sara Rocha Medina lanzó la ofensiva para cancelar el registro de Morena, más como maniobra psicológica que como estrategia jurídica real. El problema es que el PRI pretende dar jaque con piezas oxidadas. Porque mientras acusa vínculos criminales, arrastra su propio historial de corrupción que millones no olvidan. El tricolor quiere jugar como reina, pero hoy apenas conserva algunos peones territoriales.
Y en medio del tablero aparece Enrique Galindo Ceballos, adelantando movimientos como jugador ansioso. Recorre municipios, se reúne con empresarios y sabe que Tarde o temprano tendrá que tocar la puerta del PAN.
Pero el PAN también mueve piezas con soberbia. Verónica Rodríguez Hernández insiste en ir solos y vender perfiles “ciudadanos”, mientras el partido sigue sin encontrar una figura realmente competitiva. Hablan de blindar candidaturas, pero pareciera más un discurso de laboratorio que una estructura capaz de ganar elecciones.
Y mientras todos se desgastan, el Partido Verde juega como quien domina el centro del tablero. Ruth González Silva se convirtió en una pieza incómoda para Morena. La dirigencia nacional verde, encabezada por Karen Castrejón Trujillo, rechaza que su eventual candidatura sea nepotismo y se refugia en los números: Ruth obtuvo más de 526 mil votos al Senado, incluso más que los cerca de 458 mil que consiguió Ricardo Gallardo Cardona cuando ganó la gubernatura. Ahí el Verde responde con matemática electoral, no con discursos morales.
Y otro peón que intentaron sacrificar fue Juan Carlos Valladares. Apenas insinuó buscar la alcaldía y comenzaron los ataques por sus viajes y estilo de vida. Como si en política potosina el pecado fuera tener aspiraciones antes que resultados.
La verdadera pregunta es otra, mientras los partidos juegan ajedrez con candidaturas, denuncias y pactos, ¿quién mueve las piezas de la ciudadanía? Porque en este tablero todos quieren coronarse rey, pero pocos hablan del estado que reciben, de la violencia que avanza y de la desconfianza social que crece. Y cuando la política se convierte en una partida donde solo importa destruir al adversario, el riesgo es que al final no haya ganador… sino un tablero vacío.