América Latina se encamina hacia una etapa decisiva con tres procesos electorales que podrían modificar el equilibrio político de la región: Perú, Colombia y Brasil viven campañas marcadas por la polarización, la incertidumbre y el desgaste de los bloques tradicionales.
En Perú, la contienda rumbo al balotaje del próximo 7 de junio permanece abierta. Keiko Fujimori mantiene una ligera ventaja sobre Roberto Sánchez, de acuerdo con encuestas de Datum e Ipsos. Sin embargo, el amplio porcentaje de votos blancos, nulos e indecisos —que ronda entre el 24 y el 26 por ciento— mantiene la elección en un escenario incierto y podría definir el resultado final en los últimos días de campaña.
Mientras tanto, en Colombia la elección presidencial del 31 de mayo se ha convertido en una auténtica “guerra de encuestas”. Iván Cepeda encabeza varios sondeos, aunque el crecimiento acelerado de Abelardo de la Espriella ha cerrado la contienda a niveles de empate técnico. En algunos estudios, la diferencia entre ambos candidatos es menor a tres puntos porcentuales.
El panorama colombiano también refleja una fragmentación de la derecha, dividida entre el perfil disruptivo de De la Espriella y el uribismo tradicional representado por Paloma Valencia. En contraste, las opciones de centro encabezadas por Sergio Fajardo y Claudia López han perdido fuerza en la carrera presidencial.
En Brasil, el escenario también atraviesa un momento clave. Luiz Inácio Lula da Silva busca consolidar un eventual cuarto mandato presidencial frente a Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, quien permanece inhabilitado políticamente hasta 2030.
No obstante, recientes investigaciones periodísticas relacionadas con el caso Banco Master/Daniel Vorcaro impactaron negativamente la candidatura de Flávio Bolsonaro y modificaron las tendencias electorales. Encuestas recientes muestran ahora una ventaja de Lula en una eventual segunda vuelta, lo que podría fortalecer nuevamente al bloque progresista brasileño.
Los resultados de estas elecciones no solo definirán el rumbo interno de cada país, sino también el nuevo mapa político de América Latina en un contexto marcado por tensiones ideológicas, polarización y disputas por el liderazgo regional.