Para la cantante mexicana Camila Fernández, crecer dentro de una de las dinastías más reconocidas del mariachi, encabezada por su abuelo Vicente y su padre Alejandro, también significó heredar una tradición femenina que aprendió viendo a su madre y a su abuela transformarse en "gigantes" arriba del escenario, una fuerza que hoy busca transmitir hacia nuevas generaciones, empezando por su propia hija de cinco años.
Ver crecer a su hija entre canciones infantiles como 'Baby Shark' hizo que la cantante de 28 años entendiera que el mariachi necesitaba una voz femenina actual y cercana que acompañara a niñas como ella, comparte a EFE en entrevista con motivo de su nuevo sencillo 'Suéltame'.
"¿Y el mariachi de dónde lo va a sacar? ¿Dónde van a estar las canciones de mariachi que ella va a cantar? Entonces dije: 'Esa tarea es mía'", cuenta Fernández.
Mujeres gigantes
Pero mucho antes de pensar en las niñas que escucharán sus canciones, Fernández aprendió a habitar el mariachi viendo a las mujeres de su familia ocupar escenarios dominados por hombres.
Aunque hoy es la primera voz pública femenina de la dinastía Fernández, Camila también creció viendo a su mamá y a su abuela plantarse frente a mariachis conformados por hombres con una presencia "gigante" e "indestructible", una "poderosa" imagen que desde niña asoció con leyendas del género como Lucha Villa.
"Mi abuela mide 1,40 (metros) y arriba del escenario(...) se ve gigante. Y dije: 'Yo quiero hacer eso. Yo quiero ser ese ejemplo'. Por eso me visto de charra", afirma.
Fernández asegura que lleva años "partiéndose la cabeza" para conectar con públicos más jóvenes sin perder la esencia del mariachi.
Su apuesta, explica, es construir un proyecto "atemporal", donde convivan la balada, el desamor y la tradición mexicana.
"Quiero hablarle a las nuevas generaciones, quiero que escuchen un mariachi fresco", dice Fernández, quien encontró en 'Suéltame' el mayor alcance de sus más de 11 años de carrera, con casi dos millones de reproducciones en apenas semanas.
La canción, atravesada por el desamor y la vulnerabilidad emocional, refleja la mezcla de mariachi y balada con la que Fernández ha buscado construir una voz más íntima y cercana dentro del regional mexicano.
"Podemos sentir todos los sentimientos del planeta porque no somos robots (...) somos humanos todavía”, afirma.
Esa honestidad terminó conectando con su comunidad de seguidores, a quienes describe como "gente luchona" y "mujeres y hombres fuertes" que buscan canciones para sufrir, enamorarse o simplemente "desahogarse un ratito".
"Mi lema es que es más barato y más divertido ir a mi show que a terapia”, bromea Fernández, quien en diciembre llevará su gira a Iowa, California e Illinois (EE.UU.), además de preparar nuevas fechas en México "muy pronto".
Pero antes, la cantante volverá a compartir escenario con su padre, Alejandro Fernández, durante las celebraciones del 15 de septiembre en Las Vegas, mismo espacio donde debutó en 2014 a los 16 años.
Entre "madrastras" y comadres
La cantante asegura sentirse agradecida de seguir formando parte de esos conciertos, donde ha logrado conectar con sus "madrastras", "comadres" y "amiguis", mujeres que durante años siguieron la carrera de su padre y que ahora encuentran en ella una voz femenina dentro del género.
Hoy, dice, muchas se acercan a ella como si hablaran con "una amiga de toda la vida" para encontrar una canción con la cual identificarse.
"Eso me encanta (...) que estén escuchando el mariachi en voz de una mujer y en voz de una Fernández", afirma.
Aunque esa deuda, insiste, no era solo con el regional mexicano, sino una que "tenía pendiente por mi hija". EFE