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The Mandalorian and Grogu: Recupera la esencia de la saga

Una primera ventaja es que Jon Favreau no pierde tiempo con una complicada explicación sobre los orígenes del Mandalorian y Grogu

En las sagas cinematográficas, hay seguidores casuales y fans. Los primeros conocen la historia; los segundos, la dominan. Los primeros están atentos a novedades; los segundos, las anhelan y anticipan. A mayor fandom, mayor el reto: equilibrar calidad y expectativas.
 
El Mandalorian es un soldado a sueldo al que la Nueva República ha comisionado atrapar a criminales de guerra del Imperio. Lo acompaña el pequeño Grogu, con poderes mentales de enorme potencial. Juntos recorrerán el universo.
 
 La más reciente entrega del imaginario de Star Wars, llega con gran anticipación: han pasado varios años desde el último spinoff, y de la serie de televisión que dio lugar a esta cinta.
 
 Una primera ventaja es que Jon Favreau no pierde tiempo con una complicada explicación sobre los orígenes del Mandalorian y Grogu (mejor conocido como Baby Yoda); no es necesario tener el antecedente para disfrutar esta historia.
 
Luce la espectacular producción: se logran tejer efectos especiales sin costuras, de los más tersos que se han visto en el cine. Los personajes generados en forma digital y los de carne y hueso (o tela) se entrelazan en un hilo invisible.
 
 Esto es clave, pues logramos empatizar con todos: con Pedro Pascal como el protector/feroz soldado; con Grogu, absolutamente adorable. El encanto y vulnerabilidad logra que, hasta con changos y un Hutt, lleguemos a simpatizar (por cierto: véanla en inglés para escuchar a Martin Scorsese en un papel menor triunfo total).
 
 Los guiños a la saga no se sienten como un recalentado forzado; Favreau toma lo mejor, pero le añade sazón, con su propio toque y visión. Atentos a los homenajes que hace a otros directores, desde Spielberg hasta Ridley Scott.
 
 Sobre todo, el cineasta parece abrevar de algo más profundo, pues captura la esencia del mejor Star Wars: el asombro y la esperanza del niño. No siempre pasa, pero aquí, sí: que el director tenga dosis iguales de talento y afición, es una gran combinación.
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