Tras un año récord, los envíos a Estados Unidos cayeron casi 70 por ciento durante el primer trimestre; la menor demanda, el retiro de incentivos y las políticas comerciales estadounidenses golpean a la industria.
Después de convertirse en uno de los grandes protagonistas de la electromovilidad en Norteamérica, México enfrenta un fuerte frenón en la exportación de autos eléctricos hacia Estados Unidos. Durante el primer trimestre de 2026, los envíos mexicanos registraron una caída interanual de 69.6 por ciento, al pasar a solo 700 millones de dólares, de acuerdo con datos del Departamento de Comercio estadounidense retomados por medios especializados.
El desplome contrasta con el buen momento que el país vivió apenas un año antes. En 2025, México cerró como el principal exportador de vehículos eléctricos al mercado estadounidense, por encima de potencias automotrices como Alemania, Japón, Corea del Sur y Canadá. Incluso, reportes previos ya señalaban que México había desplazado a esos países como proveedor clave de autos eléctricos para Estados Unidos.
La caída se observa prácticamente en todos los modelos eléctricos ensamblados en territorio nacional. El caso más fuerte es el de la Jeep Wagoneer, que pasó de 7 mil 749 unidades exportadas en el primer trimestre de 2025 a cero envíos en el mismo periodo de 2026. La Chevrolet Blazer EV cayó 76.9 por ciento; la Equinox EV, 70.3 por ciento; la Honda Prologue, 57.2 por ciento; y el Ford Mustang Mach-E, 38.2 por ciento. De seis modelos analizados, solo la Cadillac Optiq logró mantenerse en terreno positivo, con un avance de 1.3 por ciento.
¿La razón? De acuerdo con el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, el golpe no vendría únicamente por los aranceles, sino por la desaparición de estímulos para la compra de autos eléctricos en Estados Unidos, lo que redujo la demanda de este tipo de vehículos. El funcionario minimizó el impacto directo de los aranceles bajo la Sección 232, aunque reconoció que el nuevo enfoque comercial estadounidense ya no opera bajo la lógica del libre comercio tradicional.
El freno también exhibe la vulnerabilidad de México ante las decisiones de su principal socio comercial. Aunque el país se consolidó como potencia manufacturera de vehículos eléctricos, su éxito depende en gran medida del apetito del consumidor estadounidense y de las reglas que Washington imponga para incentivar, encarecer o limitar ciertas compras.
La industria automotriz mexicana vive así una paradoja: tiene capacidad, plantas, experiencia y modelos eléctricos de exportación, pero enfrenta un mercado menos favorable. Mientras Estados Unidos ajusta subsidios, aranceles y reglas comerciales, México recibe el impacto colateral de una política que puede cambiar el rumbo de una industria que apenas comenzaba a acelerar.