Cuando sentimos que Dios nos tiene abandonados, es cuando más cerca está de nosotros.
La vista distrae al pensamiento. Porque todo lo que vemos por fuera, no nos permite ver lo que llevamos dentro.
Jesús, en aquellos tiempos, era alguien visible, pero tuvo que ascender a la sublimidad del cielo; para que lo buscáramos con el pensamiento.
Hoy, celebramos la fiesta de la Ascensión del Señor. Lo cual, no significa que se haya ido, para dejarnos abandonados; ya que, Él, está más cerca que nunca.
Cristo, vino a la tierra, y también como hombre, conquistó y dominó este mundo, tan debilitado por el dominio del mal.
Por eso, el Señor dice a sus discípulos: “ Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra”. (Mt.28).
Ahora, nuestra vida se encuentra en manos del Señor. Por eso, no hay que acobardarnos ante el poder del mal.
No estamos solos, enfrentando la vida con nuestra debilidad.
Porque, Jesús ha vencido al mundo. Y, con Él, podemos superar el mal que nos atormenta.
Por tanto, no olvidemos, que jamás vamos a estar solos.
Tal vez, en medio de la confusión, sintamos el abandono.
Pero, hay que recordar, las palabras que dijo el Señor, antes de ascender a los cielos: “ …y sepan que yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo “. ( Mt.28).
Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.