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MAESTRO(A)

“Le pregunta el aprendiz a su Mentor ¿Cuándo seré Maestro? Cuando aprendas a no dañar.” Leí alguna vez en uno de los textos de justo uno de mis más grandes Maestros: “Alejandro Jodorowsky” Un magnifico preceptor prolífico y polifacético, quien sabiamente no separa nunca el intelecto del Espíritu. 
 
Y es que tiene toda la razón en esa frase. Un Maestro o Maestra se gana ese adjetivo cuando realmente enseña su materia desde una madurez y adultez, en todos los sentidos. No hablo de edad.
 
 Hablo de responsabilidad, conciencia, salud mental y empatía. ¿Quién puede aprender algo con el sistema nervioso hecho trizas? ¿A caso un ser humano puede hacer suyos los conocimientos al mismo tiempo que es depredado(a) a nivel conciente o inconsciente? 
 
Es decir, a partir de agresión pasiva, criticas, imposiciones, juicios, humillaciones públicas, entre otras malezas del psiquismo. 
 
No. Es simple. No. Han llegado a mi consulta muchas personas adultas y también infantes con traumas severos por el destrato de responsables de la enseñanza en instituciones educativas. 
 
Muchos. Por eso es importante voltear a ver esta problemática. Porque algunos niños y niñas gozan de una buena crianza en casa, tienen padres amorosos, cuidadores afectivos que les ponen reglas que les protegen y al mismo tiempo les acompañan emocionalmente, pero todo ese trabajo de años se rompe en el aula, ya sea de la enseñanza oficial o de academias particulares. 
 
La figura de un(a) Maestro(a) juega un papel sumamente importante en la vida de todos. Alguien que tiene esa posición de poder frente a otro, puede beneficiar o destruir una psiquis. 
 
Y el problema es que muchas veces estos seres que depredan más que enseñan, están protegidos por las mismas instituciones que se voltean hacia otro lado, sobre todo, cuando más que una misión de acompañar a otros en su aprendizaje académico, artístico o deportivo, es un negocio sin alma. 
 
No es que esté mal que sea lucrativo, para nada, porque el dinero es energía necesaria y vista desde un alto nivel de conciencia, una bendición. El problema viene cuando los estudiantes dejan de ser sujetos y se convierten en medios. Un(a) verdadero(a) Maestro(a) no proyecta en sus alumnos(as) sus traumas, sus frustraciones y menos sus limitaciones. 
 
Un Maestro(a) conciente, adulto(a), empático(a) y amoroso(a) que aparte enseña porque es su vocación y pasión y desea compartir de corazón su materia, no piensa jamás que su alumno(a) le pertenece, porque muchas veces, la enseñanza se vuelve sectaria. “Me traicionas si estudias con otra persona, con otro Maestro, otra entrenadora, en otra academia, en otro colegio” Todo se vuelve un tema del/a educador(a) y jamás ya del o la estudiante. 
 
Cuando el tema principal debería de ser expandir la materia para el beneficio del mundo entero. Los que enseñan desde el altísimo ego y no desde el corazón, se adueñan de las materias, creyendo que nacieron de su inventiva. 
 
 Se convierte todo en un tema que gira a su alrededor y no de un conocimiento al servicio de la ciencia, del arte, del deporte, de la tecnología y del resto de la humanidad. Son Maestros(as) inmaduros(as) que no comparten conocimiento, sino que aprovechan el estrado para convertir a su alumnado en público. Y no cualquier público, sino que uno que le teme. 
 
Y esto en la tierna y vulnerable infancia es sumamente peligroso. Más aún cuando los Padres de ese(a) pequeño(a) apoyan la rigidez, el adiestramiento y confunden disciplina con maltrato psicológico. Dar clases es solamente una parte de la travesía para convertirse en Maestro(a), porque serlo, conlleva un compromiso, entrega, pasión y el ardiente y profundo deseo de transmitir lo aprendido a otros(as). 
 
Para habitar el arquetipo del o la Maestro(a), ¿Qué acaso no hay que encontrar muy profundamente, dentro de nosotros a nuestro(a) propio(a) Maestro(a) interno(a)? ¿Recuerdas a algún(a) Maestro(a) con miedo o todo lo contrario con cariño? ¿Alguno(a) de ellos(as) te trató mal y lo normalizaste? ¿Te dejó de gustar o interesar algún área del conocimiento porque lo asociaste con algún(a) encargado(a) de la enseñanza de esta disciplina o materia? ¿Puedes agradecer hoy en tu corazón a los(as) verdaderos(as) Maestros(as) de tu vida? Los que te transmitieron paz, relajación, interés por la materia y se encargaron de hacer crecer tus alas para que les superaras y desearon verte volando muy alto, expandiendo el conocimiento, por amor a ti y a la sabiduría. 
 
 A todos ellos hoy les honramos con suma gratitud y un hermoso y especial lugar en nuestro corazón. Y en todas las ocasiones que has sido Maestro(a) de otros(as) o de ti mismo(a), gracias, gracias, gracias por hacer crecer la luz del conocimiento y la creación.
Gracias por caminar juntos.
Tu terapeuta.
Claudia Guadalupe Martínez Jasso.
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