Así luce la comunidad de Tula, en Chilapa, tras las constantes amenazas y violencia que han vivido sus habitantes, que fueron desplazados.
"Dios está conmigo", se lee en la pared de la habitación de una casa que quedó destruida por los ataques armados que sacudieron a las 30 familias de la vecina población de Tula.
Sin habitantes, Tula es casi un pueblo fantasma. Sólo se escuchan los ladridos de los perros y el cacaraquear de las gallinas que quedaron desperdigadas por las calles, mientras un puerco permanece atado con un mecate en el patio de una vivienda.
Dos casas en trizas y un caballo muerto en una parcela es lo que se observa en la entrada de esta comunidad que, junto con los pueblos vecinos de Xicotlán y Acahuehuetlán, fue atacada con armas de fuego y drones explosivos que accionaron miembros de "Los Ardillos" desde el 7 de mayo.
Tula está ubicada a unos 400 metros de Colotepec y desde ahí fueron atacados por los criminales. Todavía ayer se escucharon disparos de arma de fuego en los alrededores de Tula a pesar del despliegue de fuerzas de seguridad federal y estatal.
Desde Colotepec y Coatzingo, bastiones de "Los Ardillos", se organizaron los ataques amados contra los pobladores de Tula, Xicotlán y Acahuehuetlán, que están bajo el cobijo del Consejo Indígena de Pueblos de Guerrero Emiliano Zapata (Cipoeg-EZ) y su policía comunitaria.
Doña Reyna Venancio, vecina de Tula, cuenta que el pasado sábado ella y su hijo estaban a punto de comer cuando se escucharon los balazos y "las bombas".
Durante el pasado fin de semana, unas 100 familias llegaron a Alcozacán caminando por el monte.
"Yo estoy enferma y, a pesar de que casi no puedo caminar, no sé como lo hice pero junto con mi hijo nos metimos al cerro varias horas hasta llegar aquí muy noche. Cuando veníamos en el monte escuchábamos los disparos y teníamos mucho miedo", explica.
Con los pies hinchados por la larga caminata, doña Reyna dice que no sabe cuándo va a regresar a a su comunidad.
"Tengo miedo pero tengo que regresar a mi casa en donde dejé todo, mis animales, mi terreno, mis muebles", indica.
Habitantes de Alcozacán y las familias desplazadas se concentraron ayer por la mañana en la cancha de usos múltiples para escuchar a la Secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, y a la Gobernadora morenista Evelyn Salgado, quien visitó por primera vez la zona desde que inició su Administración hace más de cuatro años.
"Desde el jueves (7 de mayo), cuando empezaron los ataques, hablamos con autoridades del Gobierno del estado para informarles lo que estaba pasando y no nos hicieron caso", lamenta Sixto
Mendoza Limpio, promotor del Cipoeg-EZ y quien coordina a un grupo de la policía comunitaria en Alcozacán.
Estas autodefensas le hicieron frente a "Los Ardillos". Durante los seis días de ataques constantes, al menos seis hombres -entre ellos cuatro policías comunitarios- murieron, mientras que dos mujeres y un niño resultaron heridos.
Los seis cadáveres no han sido entregados a sus familiares, por lo que Mendoza dialoga con agentes ministeriales del estado para tramitar la entrega de los cuerpos.
El activista afirma que, tras la visita de Rodríguez y Salgado, quedaron con un sentimiento de desconfianza, pues no les informaron si habrá garantías del regreso a sus comunidades de las familias desplazadas.
"Tampoco tenemos confianza de que la paz en nuestros pueblos será para siempre ya que, si no detienen al grupo nos agrede, seguramente nuevamente nos van a atacar", advierte.
La funcionaria federal, enviada por la Presidenta Claudia Sheinbaum, y la Mandataria estatal llegaron a Alcozacán alrededor de las 10:00 horas y se retiraron una hora después para viajar -resguardadas por un convoy del Ejército, la Marina y la Guardia Nacional- a Coatzingo, uno de los bastiones de "Los Ardillos".
Para llegar a Coatzingo, el convoy entró por el crucero que conduce a la comunidad de El Jagüey, uno de los puntos que conecta al municipio de Quechultenango, principal centro de operaciones del líder criminal Celso Ortega Jiménez.