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Control por la desconfianza

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La confianza de la ciudadanía en sus representantes ha estado en un constante deterioro, un fenómeno que se ha vuelto palpable en las urnas. De cara a las elecciones del 2027, la propuesta de someter a candidatos a cargos públicos a exámenes de control y confianza se presenta como un posible camino para restaurar esa confianza perdida. Este proceso, ya utilizado en las fuerzas de seguridad, podría ser extendido a quienes buscan gobernar, legislar y administrar en nuestro país.
 
Los exámenes de control y confianza, aplicados por los Centros de Evaluación y Control de Confianza (C3), son un conjunto de evaluaciones que incluyen aspectos médicos, toxicológicos, psicológicos, poligráficos y socioeconómicos. Su finalidad es asegurar que quienes ostentan o buscan un cargo público cumplan con estándares de integridad, ética y capacidad. Este tipo de evaluación podría ser el primer paso para garantizar que los representantes no solo sean competentes, sino también incorruptibles. 
 
Sin embargo, la implementación de estos exámenes no está exenta de controversias. En primer lugar, hay un debate sobre su viabilidad jurídica y constitucional. ¿Es legítimo obligar a los candidatos a someterse a estas pruebas sin que se vulneren sus derechos políticos? Además, la preocupación sobre la posible estigmatización de aquellos que no logren aprobar las evaluaciones es válida. Podría existir el riesgo de que estas pruebas se conviertan en herramientas de eliminación política, sobre todo si el proceso de evaluación no se realiza con total imparcialidad.
 
La propuesta, que ha comenzado a tomar fuerza en estados como San Luis Potosí, busca blindar los procesos electorales contra la infiltración del crimen organizado. La necesidad de fortalecer la seguridad y la integridad de las instituciones es apremiante, especialmente en un contexto donde la delincuencia organizada ha mostrado su capacidad para infiltrarse en la política. Los recientes escándalos, como las detenciones de exfuncionarios de seguridad que habían aprobado sus evaluaciones, subrayan la urgencia de este tipo de medidas.
 
La aplicación de exámenes de control y confianza podría ser vista como un acto de valentía política; no obstante, requiere una implementación cuidadosa y transparente. La creación de un marco robusto que garantice la imparcialidad del evaluador y la protección de los derechos de los candidatos es fundamental. Solo así se podrá asegurar que este proceso no se convierta en un instrumento de persecución política, sino en un verdadero mecanismo de legitimación del ejercicio del poder.
 
La reflexión que debemos abordar es sobre la calidad de la democracia que queremos construir. La ciudadanía ha comenzado a mostrar su descontento con un sistema que parece permitir la corrupción y la ineficacia. Si aspiramos a un futuro donde nuestras instituciones sean verdaderamente representativas y confiables, es imperativo que enfoquemos nuestros esfuerzos en la selección de líderes honestos y competentes. La propuesta de exámenes de control y confianza es un paso hacia esa dirección, pero su éxito dependerá de un compromiso colectivo por parte de todos los actores políticos y de la ciudadanía. 
 
En este contexto, amigo lector la pregunta que se impone es: ¿estamos dispuestos a exigir más a nuestros representantes y a respaldar medidas que fortalezcan nuestra democracia, o seguiremos siendo cómplices del desinterés y la apatía que nos han llevado a esta crisis de confianza? La elección del 2027 puede ser una oportunidad para redefinir nuestras expectativas y construir un futuro donde la política y la ética vayan de la mano
Y déjeme  comentarle que aquellos que se han sometido a estas evaluaciones no la han pasado nada bien pues la presión es significativa a fin de quebrar a la persona evaluada al punto de que no oculte nada.
 
CORAZÓN DE SAN LUIS 
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*Revitalización del Corazón de San Luis: Un Compromiso Colectivo*
 
El programa “Centro Histórico, Corazón de San Luis”, impulsado por el gobierno capitalino se presenta como una iniciativa transformadora que busca no solo embellecer el primer cuadro de la ciudad, sino convertirlo en un espacio vibrante y seguro. Este proyecto, que involucra a la comunidad en su totalidad —habitantes, comerciantes, usuarios y visitantes—, ha logrado generar un pacto de compromiso que asegura la participación activa de todos en el cuidado y mantenimiento de esta icónica zona.
 
Entre las acciones destacadas se incluyen una limpieza profunda, renovación de infraestructura y la recuperación de espacios públicos, así como mejoras en el alumbrado y un enfoque en la movilidad inclusiva. Estas medidas no solo buscan embellecer el entorno, sino garantizar la funcionalidad y seguridad del centro histórico, consolidándolo como un símbolo de identidad para la capital.
 
Las primeras medidas ya han comenzado a implementarse. Brigadas de limpieza y rehabilitación están en marcha, y se ha establecido un operativo especial de seguridad pública para proteger a quienes residen, trabajan o visitan el área. La respuesta ha sido positiva, con el respaldo de representantes del sector privado, cámaras empresariales y organizaciones comunitarias.
 
Sin embargo, es vital que este esfuerzo no se limite a acciones puntuales. La sostenibilidad del proyecto dependerá de la continuidad en el mantenimiento y la colaboración constante entre todos los actores involucrados. La revitalización del centro histórico no es solo un deber del gobierno, sino un compromiso colectivo que requiere del esfuerzo y la participación activa de la ciudadanía. Solo así lograremos que el corazón de San Luis palpite con fuerza, reflejando su riqueza cultural y su potencial como un espacio de convivencia.
 
HASTA LA PRÓXIMA
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