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No es un favor: Mensaje para los malos servidores públicos

Libertad de opinión

Cada vez es más frecuente escuchar a la ciudadanía quejarse de los servidores públicos, quienes, lamentablemente, siguen sin entender cuál es realmente su labor ni por qué ocupan ese puesto. Como es muy posible que a una gran mayoría ya se le haya olvidado, conviene recordar con claridad qué es un servidor público en México.

Se trata de una persona que trabaja en una institución del gobierno federal, estatal o municipal, y que desempeña funciones en beneficio de la sociedad. Puede ocupar un cargo, empleo o comisión, como policías, enfermeras, médicos, maestras de escuelas públicas, jueces, diputados o personal administrativo. Todos tienen la responsabilidad de actuar con honestidad, legalidad, imparcialidad y compromiso con el interés público.

Entonces, ¿por qué cuando un usuario solicita información o realiza algún trámite no siempre recibe la atención que merece?Aclaro: no estoy generalizando, pero sí ocurre con una parte importante de ellos. Y la verdad es que en México estamos muy mal en cuanto al servicio que ofrecen muchos servidores públicos.

El problema es que varios de esos malos funcionarios no tienen vocación. Llegan por favores políticos, amiguismo, nepotismo o porque están dispuestos a prestarse a corruptelas y a coludirse con otros muy parecidos a ellos.

¿Cuántos de estos “servidores” jamás quieren dar un poco más? Se acostumbran a hacer las cosas a su modo y ya no desean adaptarse a los nuevos tiempos ni a las nuevas tecnologías. Esto se observa con frecuencia en algunos sindicatos, donde incluso parece que ya no se les puede señalar nada porque sus dirigentes ponen el grito en el cielo.

Ya sé lo que está pensando usted: también existen buenos burócratas y malos jefes. Totalmente de acuerdo. Y también es cierto que se cometen atropellos contra sus derechos laborales cuando algún político anda desesperado por colocar a su gente.

Ahora que ha llegado hasta esta parte de la columna, haga memoria y recuerde en qué dependencia u hospital público ha recibido el peor trato de un servidor público. De alguien que parece olvidar que su sueldo se paga, de una forma u otra, con la aportación de toda la ciudadanía.

Y vale la pena decírselos con claridad: tratar bien al usuario o al derechohabiente no es un favor. Es una obligación.
 

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