San Luis Potosí, SLP.- Mientras este 10 de mayo miles de familias celebran con flores, serenatas y reuniones a las madres potosinas, existe otra realidad que pocas veces ocupa los discursos oficiales, la de las mujeres que murieron intentando dar vida. Detrás de cada cifra de mortalidad materna hay hijos que crecieron sin abrazo, familias fracturadas y un sistema de salud que continúa mostrando profundas grietas.
San Luis Potosí acumula cinco muertes maternas registradas; un número que podría parecer menor frente a entidades como el Estado de México o Chiapas. Sin embargo, el dato verdaderamente alarmante aparece al revisar la Razón de Mortalidad Materna (RMM), indicador que mide las defunciones por cada 100 mil nacimientos estimados.
Con una razón de 31.7, la entidad potosina se ubica en el noveno lugar nacional, muy por encima de la media del país, situada en 21.8. El dato coloca a San Luis Potosí dentro del grupo de estados donde embarazarse continúa representando un riesgo mayor para las mujeres.
La estadística deja además una lectura incómoda, no todas las madres potosinas tienen las mismas posibilidades de sobrevivir al embarazo o al parto.
Estados vecinos, como Querétaro, registran el mismo número absoluto de fallecimientos, pero con una razón considerablemente menor. En entidades del norte como Chihuahua y Nuevo León, los indicadores son incluso mucho más bajos.
El contraste revela desigualdades en la atención médica, la capacidad hospitalaria y el seguimiento clínico que reciben las mujeres durante el embarazo.
Porque cuando una madre muere por causas prevenibles, no solo fracasa un hospital, también fallan las políticas públicas, la prevención y el acceso oportuno a servicios de salud dignos.
El propio informe señala que la mayoría de las defunciones en territorio potosino ocurrieron dentro de instituciones médicas. Tres de los casos fueron registrados en unidades del IMSS ordinario y uno más en el sistema IMSS-OPD, lo que vuelve inevitable el cuestionamiento sobre la calidad y rapidez de la atención brindada.
A nivel nacional, las principales causas de muerte siguen siendo complicaciones que, en muchos casos, podrían detectarse y atenderse a tiempo. El aborto aparece como la principal causa directa, seguido de hemorragias obstétricas y trastornos hipertensivos relacionados con el embarazo. A ello se suman enfermedades respiratorias y circulatorias que agravan las condiciones de riesgo.
El panorama se vuelve todavía más delicado conforme aumenta la edad materna. Aunque el mayor número de fallecimientos ocurre entre mujeres de 35 a 39 años, el grupo con mayor vulnerabilidad estadística es el de 45 a 49 años, donde la razón de mortalidad alcanza una cifra estremecedora, 234.2 muertes por cada 100 mil nacimientos vivos.
Este 10 de mayo, mientras abundan los homenajes y las campañas comerciales, la mortalidad materna recuerda una realidad que incomoda, en México todavía hay mujeres que mueren por convertirse en madres. Y aunque las cifras aparecen frías en los informes oficiales, detrás de cada número quedó una mesa vacía, un hijo esperando y una familia marcada para siempre.
La celebración de la maternidad también tendría que abrir espacio a la reflexión colectiva sobre las condiciones en las que miles de mujeres enfrentan el embarazo. Porque honrar a las madres no debería limitarse a un solo día al año, sino traducirse en hospitales con atención suficiente, diagnósticos oportunos y garantías reales para que ninguna mujer tenga que perder la vida al darla.