El primero de tres conciertos mexicanos del Arirang World Tour fue un explosivo abrazo entre BTS y sus seguidores
Tres mil trescientos treinta y ocho días transcurrieron desde la última vez que BTS se presentó en México hasta anoche, aunque quizás su ARMY lo diría de otra forma: una eternidad.
Una hora antes del show de la boy band, el Estadio GNP ya lucía como un universo morado. Repleto, a la expectativa. Fans llegadas de todo el País, amigas maquillándose, madres acompañando a hijas y personas abrazadas, temblando.
El primero de tres conciertos mexicanos del Arirang World Tour fue un explosivo abrazo entre BTS y sus seguidores. Un banner en coreano, que se veía aquí y allá, resumió el sentimiento: "Después de una larga espera, volvimos a ser uno".
Un día después de ser asunto de Estado, de visitar a la Presidenta Claudia Sheinbaum y provocar un delirio colectivo en Palacio Nacional, RM, Suga, J-Hope, Jin, Jungkook, V y Jimin extasiaron a 50 mil personas. Había miles más afuera, sin boleto, que los oían a la distancia.
Los recibió un rugido ensordecedor y un océano de ARMY Bombs iluminando la noche. Vestidos de negro, dispararon "Hooligan" y "Aliens", temas de Arirang, el disco con el que regresaron tras cumplir el servicio militar obligatorio. El repertorio, que no olvidó clásicos, sostuvo un espectáculo de poco más de dos horas que rara vez perdió intensidad.
"¡México, dame un grito!", pidió RM, el líder, en español. Todo retumbó.
"Es nuestra primera noche, haremos que valga la pena", aseguró Jungkook, también en el idioma.
Las gradas cimbraban con "Swim" o "Not Today" y las coreografías milimétricas del grupo. Algunas fans se tapaban la boca para contener las lágrimas, otras grababan sin parar. Sus ídolos están de vuelta.
Arirang quizá sea el álbum más maduro de BTS. Desde un enfoque distinto, permanecen el hip-hop, soul y pop, su esencia, pero ahora sus letras exudan experiencia. Los músicos hablan de resiliencia, identidad coreana y solidaridad.
Con edades entre 28 y 33 años, los BTS no son un grupo K-pop común. Tras estos siete artistas está el mayor fenómeno cultural que ha exportado Corea del Sur en décadas. Se calcula que representan cerca del 0.3 por ciento del PIB de su país, y aun así, sobre el escenario, se mueven ajenos a esa presión.
Su concierto de regreso, en la plaza Gwanghwamun, reunió a más de 100 mil personas y fue visto por millones en streaming. Del Arirang World Tour ya hay quienes especulan que podría competir con The Eras, de Taylor Swift, como la gira más exitosa de la historia.
En las gradas y la pista en la capital, el ARMY también fue protagonista. Vestidas de morado -el color de los Bangtan Boys- o de negro, blanco y rojo, tonos de Arirang, lo cantaron todo, lo bailaron todo, lo lloraron todo.
"Ustedes son otra cosa. Esto está que arde. ¡Sigan, sigan, sigan!", exclamó V.
La producción estuvo a la altura del fenómeno. La casa que habitaron los músicos, un gigantesco escenario 360°, con largas pasarelas y enormes visuales, hacía un guiño a la cultura coreana.
El septeto entonó "Come Over" junto con himnos globales como "Butter" y "Dynamite". Aunque los fans confiaban en que una de las canciones sorpresa fuera "Airplane Pt 2" (con un guiño a México y al mariachi), finalmente brindaron "Boy in Luv" y "So What".
El éxtasis no disminuyó. Los músicos recalcaron su amor al País, vistieron camisetas con la leyenda "Ciudad de México" y hasta usaron sombrero (RM, Suga y Jin) y botas (V). Ya son compatriotas, en parte.
Varias veces el estadio cantó más fuerte que ellos. Esa pasión desbordada también era un ruego a BTS: que no se vayan muy lejos ni por mucho tiempo. Fue atendido anoche mismo.
"Les prometemos que en la siguiente gira México estará en la lista", soltó Suga.