Caminar, dormir bien, dejar el tabaco y controlar la presión arterial son medidas clave para proteger el corazón.
Hasta 80 por ciento de las enfermedades cardiovasculares, incluidos infartos y accidentes cerebrovasculares prematuros, pueden prevenirse mediante cambios en el estilo de vida, de acuerdo con datos citados por los CDC y la World Heart Federation. La cifra confirma una realidad contundente: buena parte del riesgo cardíaco no depende del destino, sino de las decisiones cotidianas.
Especialistas coinciden en que la prevención empieza con acciones simples pero constantes: realizar actividad física, mantener una alimentación saludable, evitar el consumo de tabaco, dormir adecuadamente y vigilar indicadores como presión arterial, colesterol y glucosa. La American Heart Association resume estas medidas en sus “Life’s Essential 8”, una guía de hábitos y controles médicos básicos para cuidar la salud cardiovascular.
Caminar más, reducir el consumo de productos ultraprocesados, moderar la sal, atender el sobrepeso y acudir a revisiones médicas periódicas puede marcar una diferencia importante, especialmente en personas con antecedentes familiares o factores de riesgo. Según los CDC, la actividad física ayuda a controlar peso, presión arterial, colesterol y azúcar en sangre, elementos directamente relacionados con enfermedades del corazón.
Aunque la genética influye, los especialistas advierten que no debe verse como una sentencia. Tener antecedentes familiares puede elevar el riesgo, pero adoptar hábitos saludables y detectar a tiempo presión alta, diabetes o colesterol elevado permite reducir complicaciones y actuar antes de que ocurra un infarto. En otras palabras: el corazón también se cuida antes de que duela.