Vértice
Amigas y amigos de Plano Informativo,hoy tocaremos un tema que duele, hablaremos de un fantasma cuya presencia hemos malamente normalizado.
Hay violencias que no hacen ruido.
No salen en titulares todos los días. No siempre dejan huellas visibles.
Pero se quedan.
El acoso escolar, eso que durante años hemos disfrazado de “carrilla”, de “broma”, de “así son los niños”, es uno de esos fantasmas que siempre ha estado ahí. Presente, constante, incómodo… y peligrosamente normalizado.
Porque sí, hiere.Sí, lastima.Sí, violenta.Y lo más grave, muchas veces empieza con una risa.
Nos enseñaron a minimizarlo. A pensar que es parte del crecimiento, que “forma carácter”, que “no pasa nada”. Pero sí pasa. Pasa en el silencio del que aguanta, en la mirada del que se siente menos, en la soledad del que no encuentra cómo defenderse.
Y ahí es donde la conversación deja de ser cómoda.
Porque el bullying no nace en la escuela. Se aprende.
La violencia es una construcción cultural. Se reproduce en casa, en el entorno, en lo que se ve, en lo que se permite, en lo que no se corrige. Quien crece normalizando la agresión, tarde o temprano la ejerce. Y quien la vive de manera constante, también carga con sus consecuencias.
Por eso, la responsabilidad no es de un solo espacio.
Empieza en casa.
En la forma en que educamos, en los límites que ponemos, en lo que enseñamos con palabras… pero sobre todo con acciones. Porque no basta con decir “no pegues” si el entorno está lleno de violencia. No basta con pedir respeto si no se modela.
Sigue en la escuela.
Que no puede ser solo un espacio de aprendizajeacadémico, sino también de formación humana. Donde se detecte, se atienda y se prevenga. Donde no se minimicen las agresiones, donde no se mire hacia otro lado, donde cada caso importe.
Y también recae en el Estado.
Porque hablar de bullying no es hablar de un problema menor. Es hablar de salud emocional, de seguridad, de prevención de violencias futuras. Se necesitan políticas públicas claras, estrategias de atención, acompañamiento psicológico, protocolos reales… no solo en el papel.
Porque cuando el acoso escala, las consecuencias también lo hacen.
Y no, no queremos llegar a esos extremos.
No queremos más historias que terminan en tragedia.
No queremos que la escuela deje de ser un espacio seguro.
No queremos que los recuerdos de la infancia estén marcados por el miedo.
La niñez no debería doler.
Debería ser un espacio de crecimiento, de descubrimiento, de confianza.Por eso, hablar de bullying no es exagerar.Es prevenir.
Es entender que lo que hoy se ignora, mañana se lamenta. Que lo que hoy se permite, mañana se repite.Y que cortar ese ciclo… es responsabilidad de todas y todos.
Educar.
Observar.
Actuar.
Porque no queremos marcas en la niñez.Queremos infancias que recuerden la escuela como lo que debe ser, un lugar para aprender… y también para sentirse a salvo.
De corazón, gracias por su lectura.
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