Hubo una época en que las bibliotecas públicas de San Luis Potosí eran espacios llenos de estudiantes haciendo tareas, adultos consultando periódicos, investigadores revisando archivos y niños descubriendo el gusto por la lectura. Hoy, el silencio domina muchas de sus salas.
La pandemia de Covid-19 transformó radicalmente la dinámica de estos espacios culturales y educativos. El confinamiento obligó a millones de personas a trasladar sus actividades académicas y laborales al entorno digital, y aunque las bibliotecas reabrieron sus puertas, nunca recuperaron por completo la afluencia que tenían antes de la emergencia sanitaria.
Los números reflejan con claridad el impacto
De acuerdo con cifras estatales, en 2017 las bibliotecas registraban 593 mil 176 usuarios en San Luis Potosí. Para 2025, la cifra cayó a 340 mil 462 asistentes, lo que representa una disminución superior al 42 por ciento en menos de una década. La reducción también alcanzó al acervo bibliográfico, mientras en 2017 existían 668 mil 884 ejemplares disponibles en bibliotecas potosinas, para 2025 la cifra descendió drásticamente a 194 mil 098 libros, una caída cercana al 71 por ciento. En paralelo, el Sistema de Información Cultural (SIC) del Gobierno Federal mantiene registradas apenas 73 bibliotecas en todo el estado de San Luis Potosí, ubicando a la entidad como una de las que menos espacios de consulta tiene en el país.
El avance digital vacía las bibliotecas
La irrupción de internet, los teléfonos inteligentes y las plataformas digitales modificó por completo los hábitos de consulta y lectura, actualmente gran parte de estudiantes y usuarios prefieren resolver tareas, investigaciones o lecturas desde casa mediante buscadores web, redes sociales o bibliotecas digitales.
En este sentido, Joel Ramírez Díaz, titular de la Dirección de Educación Municipal del Ayuntamiento de San Luis Potosí, reconoció que las nuevas tecnologías han desplazado considerablemente el uso tradicional de estos espacios, "pueden acceder a las bibliotecas virtuales y tenemos una gama muy diversa de opciones, pero tenemos que fortalecerlo. Tenemos una biblioteca móvil”, explicó.
Actualmente, las 11 bibliotecas municipales buscan adaptarse a esta nueva realidad mediante computadoras con acceso a internet, consultas digitales y estrategias tecnológicas para evitar quedar rezagadas; sin embargo, el fenómeno generacional es evidente.
Las estadísticas municipales muestran que aproximadamente el 60 por ciento de los usuarios son menores de entre 8 y 14 años de edad; otro 20 por ciento corresponde a niños de entre 4 y 7 años, mientras que el resto está conformado principalmente por adultos mayores. En contraste, los adultos jóvenes de entre 18 y 45 años prácticamente han abandonado las bibliotecas físicas debido al acceso inmediato a herramientas tecnológicas.
Bibliotecas que sobreviven gracias a los niños
Aunque la afluencia general disminuyó, las bibliotecas públicas han encontrado en la infancia a su principal motor de supervivencia. En la biblioteca municipal “Nereo Rodríguez Barragán”, ubicada cerca de la Alameda Juan Sarabia y en funcionamiento desde 1969, la mayoría de usuarios frecuentes son menores de entre 2 y 12 años. Durante 2025, este recinto reportó el préstamo de 9 mil 696 libros, de los cuales 642 fueron préstamos a domicilio. Además, registró una asistencia anual de 9 mil 160 personas.
Tan solo en los primeros meses del año se contabilizaron 605 visitantes en enero, mil 125 en febrero y 900 en marzo; su encargada, Ilda Hernández, atribuyó la disminución de usuarios al hábito adquirido durante la pandemia de realizar actividades desde casa, "el celular y el internet cambiaron la forma en que las personas buscan información”; sin embargo, señaló que las actividades infantiles han permitido mantener viva la biblioteca.
La sala infantil es la más concurrida gracias a dinámicas como cuentacuentos, talleres de manualidades, elaboración de piñatas, actividades de catrinas, ejercicios creativos y dinámicas con disfraces. Estas estrategias buscan fomentar la lectura desde edades tempranas y crear un vínculo emocional entre los niños y los libros.
La biblioteca militar: internet como salvavidas
Otro ejemplo de adaptación es la biblioteca militar adscrita a la 12va. Zona Militar, ubicada a un costado del cuartel militar en la capital potosina. Aunque su afluencia es menor comparada con décadas pasadas, el espacio continúa operando con alrededor de 900 visitantes al año. La mayoría de usuarios son estudiantes de secundaria, preparatoria y universidad que acuden principalmente por dos motivos: la consulta bibliográfica y el acceso a internet. El servicio de conectividad se ha convertido en un elemento clave para mantener activa la asistencia.
UASLP: modernización y nuevos perfiles de usuarios
En contraste con algunas bibliotecas tradicionales, la biblioteca de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) presenta una dinámica más moderna y diversa. En días de asueto puede recibir hasta 100 personas, combinando estudiantes, adultos y adultos mayores. Por las mañanas predominan usuarios de mayor edad que utilizan computadoras y servicios digitales, mientras que por las tardes llegan estudiantes de preparatoria enviados por sus escuelas para realizar consultas o actividades académicas.
Además del préstamo bibliográfico, el recinto ofrece cursos de computación, manejo de celulares, braille, talleres de lectura infantil y clases de lengua de señas. Los viernes de consejo técnico se integran actividades especiales para niños, mientras que los sábados continúan los talleres culturales y educativos.
Los libros más buscados
Pese al cambio de hábitos, algunos títulos continúan siendo referentes constantes entre los usuarios. Entre los libros más consultados en las bibliotecas municipales destacan clásicos de la literatura universal como Don Quijote de la Mancha y Cien años de soledad de Gabriel García Márquez; también figuran materiales educativos tradicionales como el Álgebra de Baldor, además de colecciones contemporáneas como Harry Potter, literatura local como Leyendas Potosinas y textos inclusivos en braille como El libro negro de los colores.
¿Las bibliotecas desaparecerán?
Especialistas rechazan esa posibilidad, aunque reconocen que atraviesan una profunda transformación. El maestro Jorge Alejandro Peña Landeros, director de biblioteca e investigador de la Universidad Panamericana, afirmó que históricamente siempre se ha pronosticado la desaparición de las bibliotecas físicas, pero ninguna revolución tecnológica ha logrado extinguirlas; consideró que el futuro de estos espacios dependerá de su capacidad de evolucionar mediante herramientas tecnológicas, inteligencia artificial y nuevos modelos híbridos de consulta.
Un sistema bibliotecario reducido frente al resto del país
La situación de San Luis Potosí también contrasta con otras entidades del país; de acuerdo con datos de e-consulta.com, México cuenta con 7 mil 476 bibliotecas públicas distribuidas en los 32 estados; las entidades con mayor número de bibliotecas son Ciudad de México con 674; Puebla con 618; Tabasco con 564; Veracruz con 519; Oaxaca con 481 y Chiapas con 404 espacios.
Más abajo aparecen Nuevo León con 314, Hidalgo con 289 y Jalisco con 282 bibliotecas. En ese panorama nacional, San Luis Potosí permanece rezagado con apenas 73 bibliotecas registradas oficialmente.
Entre la nostalgia y la adaptación
El recorrido por las bibliotecas potosinas deja una conclusión contundente: las bibliotecas no están desapareciendo, pero sí enfrentan una transformación forzada. La pandemia aceleró un proceso que ya venía ocurriendo desde años atrás: la migración de lectores hacia el entorno digital. Ahora muchas bibliotecas sobreviven gracias a talleres culturales, actividades infantiles, computadoras con internet y donaciones comunitarias de libros.
Lejos del bullicio de décadas pasadas, estos espacios intentan mantenerse vigentes en una época donde el acceso inmediato a la información domina la vida cotidiana; y aunque las salas ya no lucen abarrotadas, entre anaqueles silenciosos, talleres de lectura y computadoras encendidas, las bibliotecas potosinas siguen resistiendo.