La modelo retomó el misterio de las esculturas veladas de Raffaelle Monti para uno de los looks más comentados de la noche.
Como cada año, la Met Gala volvió a celebrarse en Nueva York durante la noche del primer lunes de mayo, y en su edición 2026 el arte fue el gran protagonista. Bajo el eje de la exposición “Costume Art” y el código de vestimenta “Fashion is Art”, el Museo Metropolitano de Arte invitó a las celebridades a explorar el cuerpo vestido como una forma de expresión artística.
Entre los atuendos que más llamaron la atención estuvo el de Heidi Klum, quien apostó por una transformación casi escultórica inspirada en la obra velada del artista italiano Raffaelle Monti, particularmente en la tradición de piezas como The Veiled Vestal y Veiled Lady, conocidas en español como La vestal velada o La dama velada.
La propuesta de Klum no fue simplemente un vestido: fue una recreación del efecto visual que hizo célebre a Monti en el siglo XIX. Con materiales como látex y spandex, la modelo buscó simular la apariencia del mármol tallado y el velo translúcido que cubre el rostro de la figura, un recurso que en la escultura original parece desafiar la dureza de la piedra.
La obra de Monti es reconocida por su virtuosismo técnico: el escultor logró que el mármol de Carrara pareciera una tela fina y ligera sobre el rostro femenino. En el caso de The Veiled Vestal, la pieza representa a una virgen vestal, sacerdotisa de Vesta en la antigua Roma, figura asociada con la pureza, el misterio y el resguardo del fuego sagrado.
Con este homenaje, Heidi Klum llevó la temática de la Met Gala a una lectura literal y poderosa: convertir el cuerpo en escultura viva. Su aparición unió moda, historia del arte y espectáculo, recordando que, cuando el vestuario se piensa como obra artística, la pasarela también puede convertirse en museo.