Especialistas advierten que elegir lentes sin filtro UV puede aumentar el riesgo de daño ocular; el color oscuro, el precio alto o que sean “polarizados” no garantizan seguridad.
El uso de lentes de sol suele asociarse con moda, descanso o temporada de calor, pero especialistas en salud visual coinciden en que su función principal debe ser proteger los ojos de la radiación ultravioleta. La Organización Mundial de la Salud advierte que la exposición excesiva a los rayos UV puede afectar la salud ocular y estima que, a nivel mundial, alrededor del 10 por ciento de los casos de ceguera por cataratas podrían estar relacionados con dicha exposición.
De acuerdo con la Academia Americana de Oftalmología, la radiación UV puede dañar tejidos de la superficie del ojo, así como la córnea y el cristalino, además de aumentar el riesgo de cataratas, crecimientos oculares y algunos tipos de cáncer en la zona de los párpados y los ojos. Por ello, la recomendación médica es utilizar gafas que bloqueen el 99 o 100 por ciento de los rayos UVA y UVB, o que indiquen protección UV400, lo que significa que filtran la radiación ultravioleta hasta los 400 nanómetros.
El Instituto Nacional del Ojo de Estados Unidos también señala que la luz UV penetra con mayor facilidad los tejidos oculares que la luz visible, lo que puede incrementar el riesgo de problemas visuales. Incluso investigaciones difundidas por ese instituto han documentado cómo la radiación ultravioleta puede contribuir al desarrollo de cataratas, reforzando la importancia del uso de lentes adecuados.
¿Qué deben tener unos lentes de sol seguros?
Antes de comprar, no basta con ver que el lente sea oscuro. La primera característica que debe revisarse es que la etiqueta o ficha del producto indique 100% protección UV, UV400, o bloqueo de 99 a 100% de rayos UVA y UVB. Los lentes polarizados pueden ayudar a reducir el reflejo del sol, especialmente al manejar o estar cerca del agua, pero la polarización por sí sola no significa protección ultravioleta.
Otra referencia útil es buscar que los lentes cumplan con normas o certificaciones reconocibles. En Estados Unidos, la Administración de Alimentos y Medicamentos exige que los anteojos y lentes de sol cuenten con cristales resistentes a impactos, conforme a la regulación 21 CFR 801.410. En Europa y Reino Unido, especialistas recomiendan revisar marcas como CE, UKCA o UV400, que indican cumplimiento de estándares de seguridad aplicables.
También importa el diseño. Los modelos grandes, envolventes o con buena cobertura lateral protegen mejor porque reducen la entrada de radiación por los costados, la parte superior o inferior del armazón. En cambio, los lentes muy pequeños o estrechos pueden dejar pasar luz directa o reflejada, aunque tengan un diseño atractivo.
Oscuros no siempre significa seguros
Uno de los errores más comunes es pensar que mientras más oscuro sea el lente, mayor será la protección. En realidad, el color solo reduce la cantidad de luz visible, pero no necesariamente bloquea los rayos UV. Esto puede ser peligroso porque, al usar un lente oscuro sin filtro, la pupila se dilata y permite mayor entrada de radiación ultravioleta al ojo.
Tampoco el precio es garantía absoluta. Unos lentes económicos pueden proteger correctamente si cuentan con filtro UV comprobable, mientras que unos lentes caros, de moda o de imitación pueden no ofrecer la seguridad necesaria si no tienen etiquetado confiable. Lo importante es verificar la información del producto y, de ser posible, comprarlos en ópticas, tiendas formales o establecimientos donde puedan comprobar el nivel de protección.