Rioverde, SLP.-La ansiedad y la depresión se han consolidado como los trastornos mentales con mayor incidencia a nivel mundial y local, afectando a hombres y mujeres de todas las edades. Sin embargo, el mayor obstáculo para la recuperación no es la enfermedad misma, sino el tiempo de espera para buscar atención profesional, el cual suele ocurrir cuando el padecimiento ya ha causado daños profundos en la calidad de vida.
Elia Jazmín Camacho González, titular del Centro Comunitario de Salud Mental y Adicciones, destacó datos alarmantes basados en estudios de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que señalan que los síntomas de ansiedad pueden manifestarse desde los 11 años.
En promedio, una persona tarda hasta 4 años en solicitar ayuda formal tras detectar que algo no está bien.
Esta espera prolongada genera secuelas importantes que afectan el desempeño escolar, laboral y las relaciones personales, permitiendo que la problemática crezca hasta volverse debilitante.
La especialista detalló que los síntomas que deben encender las alarmas en el entorno familiar y personal son: alteraciones del sueño; dejar de disfrutar actividades que antes causaban placer; comerse las uñas o no sentirse seguro en ningún sitio; generar autolesiones y el consumo de alcohol y tabaco como "escape", sustancias que, lejos de ayudar, agravan el trastorno químico y emocional.
Camacho González hizo un llamado enérgico a dejar de estigmatizar el cuidado de la mente. Recalcó que acudir a un psicólogo o psiquiatra no es sinónimo de "estar loco", sino un acto de valor y aprecio por la vida misma.
"Todos, en algún momento, podemos pasar por una crisis que tiene que ser atendida. Ninguna causa debe minimizarse; si para la persona es importante, su dolor es válido", puntualizó la especialista.
La salud mental es el pilar de la calidad de vida. Atender una crisis a tiempo no solo evita complicaciones mayores, sino que garantiza que las personas puedan retomar su funcionalidad y bienestar de manera plena.