El retiro de México de la lista de vigilancia prioritaria de Estados Unidos en propiedad intelectual no acaparó la atención mediática, pero es muy relevante porque envía una señal de confianza en un momento clave. En el contexto de la revisión del T-MEC, nos quita una presión innecesaria en un momento delicado y manda una señal positiva sobre la capacidad del país para corregir, cumplir y elevar estándares.
La propiedad intelectual suele sonar lejana ya que patentes, marcas, derechos de autor, software, diseños industriales o secretos comerciales son conceptos ajenos a la vida diaria. Sin embargo, detrás de esas palabras está una parte decisiva de la economía moderna y ahí se protege el conocimiento que permite producir mejor, innovar, atraer inversión y generar empleos más especializados.
El impacto para San Luis Potosí tiene un efecto muy concreto dado que nuestro estado compite en industrias donde la confianza es indispensable como la industria automotriz, la electromovilidad, la manufactura avanzada, los proveedores de autopartes y los servicios tecnológicos, quienes requieren reglas confiables, procesos verificables, talento capacitado y un entorno donde el conocimiento tenga valor y protección.
Durante años, hemos demostrado que podemos integrarnos a las cadenas productivas de América del Norte pero tenemos que ser más ambiciosos. Hay que atraer procesos de mayor valor, centros de ingeniería, investigación aplicada, desarrollo de proveedores, innovación logística y empleos mejor pagados.
Ahí es donde la propiedad intelectual deja de ser un expediente técnico y se vuelve una pregunta de futuro. ¿Queremos ser un territorio competitivo sólo por costos y ubicación, o un estado capaz de participar en la economía del conocimiento industrial?
La revisión del T-MEC pondrá sobre la mesa reglas de origen, cadenas de suministro, comercio digital, sectores estratégicos, medicamentos, semiconductores, energía y seguridad económica. En todas esas discusiones, la confianza será una moneda de negociación y quien ofrezca certidumbre, atraerá mejores proyectos; quien proteja al conocimiento, podrá aspirar a producir con mayor valor.
México seguirá bajo observación y tendrá que fortalecer la aplicación de la ley, combatir la piratería, mejorar la certidumbre regulatoria y cerrar espacios a la informalidad que daña a empresas, trabajadores y consumidores.
Si queremos que la revisión del T-MEC se traduzca en empleos, inversión y bienestar para las familias potosinas, tenemos que convertir esta señal en una ventaja real para nuestra industria, para nuestras empresas locales y para las nuevas generaciones de profesionistas y técnicos que competirán en la nueva etapa de América del Norte.