La realidad no tardó en imponerse, lo que antes se celebró con pompa y circunstancia en un acto mediático revestido de promoción personal y distorsiones, devino en un revés contundente, la policía municipal capitalina es la que menos confianza genera entre la población potosina y es la menos eficiente.
No hay margen para las interpretaciones, tampoco se vale descontextualizar para sacar provecho político, los datos provienen del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), la policía del gobierno del alcalde Enrique Galindo Ceballos no alcanzó siquiera el 50 por ciento, dicho de otra manera, seis de cada 10 personas no se sienten tranquilos ni satisfechos con la labor de la dirección que sin ningún sustento se elevó al rango de secretaría de seguridad municipal
En la encuesta quedó por debajo del Ejército, que obtuvo una aprobación del 92.2 por ciento; la Fuerza Aérea Mexicana con 88.4 por ciento; la Semar con el 88.2 por ciento, la Guardia Nacional el 78. 8 por ciento y la Guardia Civil Estatal el 60.8 por ciento.
El desempeño de la policía capitalina no pasó la prueba mínima del rigor ciudadano, si no hay confianza hacia ella carece de todo lo demás, principalmente de resultados palpables, la percepción requiere de asideros claros y firmes, que la gente pueda caminar sin temor por las noches por las colonias y los barrios, por las calles del Centro Histórico.
La seguridad es uno de los rubros más visibles en los que al alcalde Galindo, policía de carrera, le hace falta redoblar esfuerzos y hacer ajustes, prácticamente yo son cinco años de mantener la misma estrategia fallida; y se requiere un mayor nivel de exigencia de las propias autoridades, no se puede engañar a la población en este tema tan sensible tanto tiempo, la propaganda tiene un efecto contrario, mientras más se mienta mayor es el rechazo ciudadano.
No vemos una reingeniería policiaca basada en un diagnóstico real, solo hay acciones reactivas, operativos de corto plazo cuando los hechos ya están consumados y se repiten con frecuencia, la prevención desapareció como la cultura cívica (la Calzada de Guadalupe, los pasajes Zaragoza e Hidalgo son campo de ciclistas, patinadores y “patines del diablo” motorizados); la narrativa oficial no corresponde a la realidad; no hay coordinación con los otros niveles de gobierno, el alcalde Galindo no asiste a las mesas de paz y las descalificó al considerar que “no hay estrategia”.
Las raíces de la desconfianza y la falta de eficacia de la policía capitalina están a la vista, la profesionalización es más discurso que un hecho medible, en la falta de proximidad con la ciudadanía, se requiere inversión en inteligencia, capacitación y dignificación de los elementos, todo termina por diluirse y el desgaste político es inevitable, se refuerza la idea de un proyecto agotado y no le alcanza para una visión estatal.