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HOMILÍA: ¿Por qué, se pierde la paz?

Son muchas las razones, por las que se   pierde la paz.

Los comentarios sin fundamento, los relatos  falsos y la mentira, siembran la duda y arrebatan la paz.

Por tanto, estemos alertas, para no atender a falsos rumores, y a sospechas infundadas. Para que éstas, no vengan a quitarnos lo más valioso: una vida llena de paz.

Sin embargo, lo más grandioso que tenemos, es lo primero que perdemos. 

Y todo, porque ni cuidamos,  y no cultivamos aquello que contribuye a la paz.

Sin paz, no hay  plenitud; el hombre solo podrá sentirse pleno, hasta que pueda vivir en paz.

La palabra paz, significa: totalidad. Cuando ya nada nos inquieta, es entonces que experimentamos la paz.

Dijo el Señor: “ No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mi”. (Jn.14).

Pero, si le damos la espalda al Señor, nos condenamos a vivir  una vida ausente de paz.

Ya que, donde falta Dios, también está faltando la paz; porque ahí, no está la totalidad.

Por eso, no hay que dejar que las dudas nos asalten; creamos en el Señor, para que  recuperemos la paz.

No le demos tanto crédito al sensacionalismo,  y al comentario mal intencionado, que tan solo viene a arrebatarnos la paz.

Volvamos a confiar en Dios. Porque, la fe, es una necesidad vital.

El hombre necesita vivir de la fe; aunque, primero  tiene que  en quien está poniendo su confianza.

Hay que abrir los ojos, para encontrar a Dios en todo lo bueno que nos suceda.

El Señor, le dijo al apóstol: “Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? Quien me ve a mí, ve al Padre. ( Jn.14).

Quitemos del corazón todo prejuicio. Porque  este, es el obstáculo, que nos impide mirar las bondades  del Señor.

Solo así, despertaremos  a la fe, y podremos recuperar la paz.

Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.



Evangelio

Del santo Evangelio según san Juan: 14, 1-12
 
En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones. Si no fuera así, yo se lo habría dicho a ustedes, porque ahora voy a prepararles un lugar. Cuando me haya ido y les haya preparado un lugar, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy”.
 
Entonces Tomás le dijo: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?”. Jesús le respondió: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí. Si ustedes me conocen a mí, conocen también a mi Padre. Ya desde ahora lo conocen y lo han visto”.
 
Le dijo Felipe: “Señor, muéstranos al Padre y eso nos basta”. Jesús le replicó: “Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? Quien me ve a mí, ve al Padre. ¿Entonces por qué dices: ‘Muéstranos al Padre’? ¿O no crees que yo estoy en el Padre y que el Padre está en mí? Las palabras que yo les digo, no las digo por mi propia cuenta. Es el Padre, que permanece en mí, quien hace las obras. Créanme: yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no me dan fe a mí, créanlo por las obras. Yo les aseguro: el que crea en mí, hará las obras que hago yo y las hará aun mayores, porque yo me voy al Padre”.
 
Palabra del Señor.
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