Son muchas las razones, por las que se pierde la paz.
Los comentarios sin fundamento, los relatos falsos y la mentira, siembran la duda y arrebatan la paz.
Por tanto, estemos alertas, para no atender a falsos rumores, y a sospechas infundadas. Para que éstas, no vengan a quitarnos lo más valioso: una vida llena de paz.
Sin embargo, lo más grandioso que tenemos, es lo primero que perdemos.
Y todo, porque ni cuidamos, y no cultivamos aquello que contribuye a la paz.
Sin paz, no hay plenitud; el hombre solo podrá sentirse pleno, hasta que pueda vivir en paz.
La palabra paz, significa: totalidad. Cuando ya nada nos inquieta, es entonces que experimentamos la paz.
Dijo el Señor: “ No pierdan la paz. Si creen en Dios, crean también en mi”. (Jn.14).
Pero, si le damos la espalda al Señor, nos condenamos a vivir una vida ausente de paz.
Ya que, donde falta Dios, también está faltando la paz; porque ahí, no está la totalidad.
Por eso, no hay que dejar que las dudas nos asalten; creamos en el Señor, para que recuperemos la paz.
No le demos tanto crédito al sensacionalismo, y al comentario mal intencionado, que tan solo viene a arrebatarnos la paz.
Volvamos a confiar en Dios. Porque, la fe, es una necesidad vital.
El hombre necesita vivir de la fe; aunque, primero tiene que en quien está poniendo su confianza.
Hay que abrir los ojos, para encontrar a Dios en todo lo bueno que nos suceda.
El Señor, le dijo al apóstol: “Felipe, tanto tiempo hace que estoy con ustedes, ¿y todavía no me conoces? Quien me ve a mí, ve al Padre. ( Jn.14).
Quitemos del corazón todo prejuicio. Porque este, es el obstáculo, que nos impide mirar las bondades del Señor.
Solo así, despertaremos a la fe, y podremos recuperar la paz.
Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.
Evangelio