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SanArte: Mirar hacia adentro

¿Cuándo cierras tus ojos que ves, que se escucha y que sientes? Nada, negro, no siento; puede ser la respuesta de muchas personas que se han acostumbrado a vivir en la rutina de la obligación y el deber. Tal vez viven por y para los suyos en un sacrificio al que le llaman amor. Y no es que esté mal estar entregados(as) a los seres amados, siempre y cuando, también se forme parte de la ecuación en el mismo nivel de importancia que los demás.
 
Porque desaparecer en el otro es un acto seguro de desconexión con uno mismo en todos los niveles. Puede tornarse toda una aventura alquímica en esta vida aprender a observarse sin juicio, con respeto, con amor y honra a uno mismo(a).
 
Es un acto heroico Incluirte, hacerte parte de tu vida, cuidarte y amarte como el ser más importante en tu existencia, hasta lograr una sana relación contigo mismo(a), un vínculo agradable, de compromiso y de bienaventuranza.
 
¿Cómo si no podríamos relacionarnos con otros seres humanos y de otras especies, si no tenemos idea de quiénes somos? ¿Desde dónde entonces le hablo al otro, desde dónde le ayudo y le acompaño?
 
Estas palabras están dirigidas sobre todo a aquellos seres nobles y con un corazón gigante que cuando cuentan los lugares de la mesa, no se toman en cuenta, porque están completamente volcados a nutrir al resto y se olvidaron de sí mismos.
 
Por supuesto, irse al otro extremo es la más aterradora de las patologías y distorsiones humanas, el egoísmo exacerbado ya es tema de bajos mundos. Pero hoy podemos enfocarnos, sobre todo, en esas áreas de nosotros mismos que no han sido consideradas, felicitadas, aplaudidas o simplemente vistas.
 
¿Cuántos dones están allí, dentro de ti sin descubrir? ¿Sabes lo que te gusta? ¿Cuál es tu sueño más hermoso? ¿Qué no te estás contando a ti mismo(a)? ¿Te imaginas que pasaría si te escucharas diariamente? Si meditas completamente entregado(a) y presente por veinte minutos al despertar o antes de dormir, tu mente organiza toda la información. Ya sabes los beneficios de meditar, pero vayamos a un asunto en específico que es el mirarte profundamente.
 
Que belleza y cuanto amor es ser elegido(a) por uno mismo(a), amar las partes más desafortunadas, abrazar los errores, estar, permanecer en calma, respirando unos minutos al día y preguntarte: ¿Cómo estás? ¿Cómo te sientes hoy? Escuchar a tu cuerpo, ¿Qué te dice?, ¿Qué necesita? Atender a tus emociones. ¿Desde cuándo están allí? ¿Quién o qué te lastimó? ¿A quién extrañas?
 
Y entonces al lograr observar la mente te das cuenta de cómo los pensamientos dejan de ser un tumulto caótico y se armonizan. Te haces el o la dueño(a) de tu existencia en ese momento, porque decides, tienes voluntad, tienes la posibilidad y el poder para elegir los pensamientos que te lastiman y los que te benefician. ¿Quién si no hará ese trabajo?
 
Cuánto antes lo practiques, es mejor, porque unir la mente al corazón, a la intuición, al cuerpo físico y al Espíritu es vivir en coherencia. Sentir tus manos en el pecho, acompasar tu respiración con el sentimiento que te mece en ese momento es una belleza, es estar en la Divina presencia. Ese, es un momento sagrado. Es amor propio.
 
Es la medicina para muchas dificultades. Porque muchos de los problemas o circunstancias adversas que enfrentamos van a ser las mismas, pero si estamos en calma, concentrados(as), con un sistema nervioso saludable, en paz y con la sabiduría de conocer nuestro universo interno, las vamos a enfrentar de manera muy distinta.
 
Todos podemos ser filósofos, todos podemos ser poetas, todos podemos ser sanadores, todos podemos ser consejeros álmicos si conectamos con ese espacio nutritivo que está siempre allí, esperando a ser descubierto. Estar en comunicación con tus órganos internos, con tus pensamientos, con la energía del entorno, con tu respiración, con tus emociones y con una intención de conexión te puede hacer amar de una manera que antes no imaginabas, porque te descubres amado(a) por el cosmos entero, porque te experimentas conectado(a) con la inmensidad, porque te haces conciente de la enormidad y a la vez la pequeñez del universo. Decidir entrar en coherencia, en integridad, es elegir el camino lumínico de las virtudes y la salud.
 
¿Te animas a mirar hacia adentro en este momento? Tal vez te has estado esperando por mucho tiempo y será un enorme gozo recuperarte a ti mismo(a) y despertar a ti, a tu belleza, tu melodía única, a tu ser esencial y a tu origen que es amor, puramente, amor.

Gracias por caminar juntos.

Tu terapeuta.
Claudia Guadalupe Martínez Jasso.
 
 
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