El ruido se ha posicionado como uno de los factores que más tensiones generan en las ciudades del país. Sin embargo, en San Luis Potosí, la estadística oficial dibuja un escenario que no coincide con lo que se vive diariamente en las colonias: las molestias existen, pero casi no se reportan ante las autoridades.
De acuerdo con el Censo Nacional de Seguridad Pública del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), en el primer trimestre de 2026 se acumularon 3 millones 786 mil 524 quejas relacionadas con ruido en todo el país. Esta cifra ubica a este problema como el segundo motivo más recurrente de inconformidad ciudadana, solo por debajo de los conflictos vinculados con basura tirada o quemada.
San Luis Potosí, con cifras mínimas
En contraste, para San Luis Potosí los datos muestran una incidencia prácticamente marginal. En ese mismo periodo, la entidad apenas concentró el uno por ciento de los reportes, con solo tres casos registrados, lo que evidencia una brecha significativa frente al comportamiento nacional.
Al revisar los antecedentes, la diferencia se mantiene. Durante 2024, el INEGI contabilizó 3 mil 497 denuncias por ruido excesivo en México, en su mayoría asociadas a automóviles, ya sea por el uso del claxon, bocinas o motores. En territorio potosino, únicamente se documentó un caso dentro de ese registro.
Si se observa un periodo más amplio, en 2019 se reportaron mil 983 quejas a nivel nacional, mientras que en San Luis Potosí no se registró ninguna. Estos datos reflejan que, aunque las denuncias han ido en aumento a nivel nacional, en la entidad siguen siendo prácticamente inexistentes.
La realidad en las colonias
A pesar de estos números, un recorrido realizado por Plano Informativo en diversas colonias de la capital muestra una realidad distinta. Habitantes consultados coinciden en que el ruido forma parte del entorno cotidiano, especialmente en zonas con alta actividad urbana. Entre las principales fuentes de molestia destacan la música a volumen elevado durante la noche, televisores encendidos por largas horas, conversaciones en tono alto en exteriores y el uso constante del claxon por parte de conductores. Estas situaciones, señalaron, se presentan con mayor frecuencia durante la noche o los fines de semana.
Las áreas donde más se percibe esta problemática son aquellas cercanas a avenidas de gran circulación, como Salvador Nava, Chapultepec e Himno Nacional; en estos puntos, el tránsito vehicular, sumado a la dinámica comercial y social, intensifica la presencia constante de ruido.
¿Por qué no se denuncia?
Sin embargo, pese a reconocer que estas situaciones son recurrentes, los propios vecinos admiten que rara vez acuden a instancias oficiales para presentar una queja formal. Entre las razones que mencionan se encuentran la falta de tiempo, el desconocimiento de los procesos o la percepción de que denunciar no generará cambios. Esta falta de reportes podría explicar por qué las cifras oficiales se mantienen bajas en comparación con lo que se percibe en la vida diaria.
¿Cuáles son estos límites de ruido permitidos?
En zonas residenciales, el límite de ruido permitido es de 55 decibeles entre las 6 de la mañana y las 10 de la noche y 50 decibeles durante la noche, entre las 10 de la noche y las 6 de la mañana. Para establecimientos industriales y comerciales, los niveles permitidos son de 68 decibeles durante el día y 65 decibeles por la noche. Las zonas escolares tienen un límite de 55 decibeles en áreas exteriores de juego.
En cuanto a eventos de entretenimiento, como festivales o ceremonias, se permite un nivel de hasta 100 decibeles, pero solo por un máximo de 4 horas. La Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y el Ayuntamiento de San Luis Potosí, a través de su Reglamento de Ecología y el Bando de Policía y Buen Gobierno, son las entidades encargadas de regular y sancionar a quienes sobrepasen estos límites.
Multas existen, pero rara vez se aplican
Aunque el problema del ruido parece invisible en las estadísticas, la normativa municipal sí contempla sanciones tanto en el Bando de Policía y Buen Gobierno de San Luis Potosí como en el Reglamento de Ecología del Municipio de San Luis Potosí. En el caso de viviendas, provocar ruido que cause molestias a vecinos, como música alta, fiestas o escándalos, puede ser sancionado con multas de alrededor de cinco Unidades de Medida y Actualización (UMA), equivalentes a poco más de 500 pesos; además, en casos de reincidencia o si la conducta persiste, puede derivar en arrestos administrativos de hasta 36 horas.
Cuando el ruido proviene de vehículos, como el uso excesivo del claxon o bocinas a alto volumen, las sanciones pueden ir desde las 5 hasta las 10 UMAs, dependiendo de si se considera una falta cívica o una afectación ambiental. Para industrias, comercios o establecimientos, el Reglamento de Ecología establece multas mínimas de 10 UMAs por generar emisiones de ruido que afecten a la población, las cuales pueden incrementarse significativamente, incluso por encima de los 100 UMAs, en casos graves o de reincidencia, además de posibles clausuras temporales.
Sí hay sanciones, pero sin cifras recientes
Aunque el Ayuntamiento de San Luis Potosí sí ha aplicado multas por ruido, la información pública disponible muestra vacíos en los años más recientes. De acuerdo con algunos reportes, durante 2024 se impusieron más de 200 sanciones por ruido excesivo, principalmente a bares, centros nocturnos y salones de eventos. En esos casos, las multas alcanzaron montos de hasta 8 mil pesos, e incluso el doble en situaciones de reincidencia.
Sin embargo, para 2025 y lo que va de 2026 no existen reportes públicos detallados que permitan conocer cuántas infracciones se han aplicado, en qué contextos o cuál ha sido el monto recaudado, esta falta de información refuerza la percepción de que, aunque las sanciones existen y sí se han aplicado, sobre todo en giros comerciales, el problema del ruido cotidiano en zonas habitacionales permanece poco documentado y con escasa visibilidad institucional.
Un problema invisible en las estadísticas
El problema, coinciden algunos habitantes, no es la ausencia de ruido, sino la escasa cultura de la denuncia. Así, el contraste entre los datos institucionales y la experiencia ciudadana deja ver un fenómeno que permanece en segundo plano: el ruido sí está presente en San Luis Potosí, pero pocas veces se traduce en estadísticas, lo que mantiene este conflicto fuera del radar formal pese a su impacto cotidiano.