La gente recuerda más con sus rasgos de niños que en proyectos posteriores
Brillar intensamente frente a las cámaras en su infancia no fue garantía de éxito para varios actores, a quienes, en muchos casos, la gente recuerda más con sus rasgos de niños que en proyectos posteriores.
Algo que tienen en común carreras tan diferentes como las de Macaulay Culkin y Judy Garland es que la fama no fue necesariamente buena y tener los reflectores encima cuando eran pequeños llegó a hacerles daño.
Macaulay Culkin
Tal era la fascinación que generaba en pantalla Macaulay Culkin, quien inició su carrera a los 4 años, que su filmografía se llenó de éxitos de taquilla como Mi Pobre Angelito, Mi Primer Beso y Ricky Ricón. Pero al estar en su punto más alto, decidió decir adiós.
A sus 14 años decidió emanciparse de sus padres, que peleaban por controlar su fortuna de 17 millones de dólares, y también optó por prácticamente dejar los reflectores... al menos de manera profesional.
Culkin fue un ejemplo de la persecución de los paparazzi y la atención mediática, fuera por un matrimonio contraído a los 17 años o por ser detenido por abuso de sustancias.
Ahora sólo aparece en proyectos contados, como la serie Fallout, o en participaciones en doblaje.
"Técnicamente, estoy jubilado ahora mismo. Me jubilo y luego, si encuentro algo que me guste, vuelvo a la actividad, lo hago e inmediatamente después me jubilo de nuevo. Cada concierto es el último", dijo el año pasado al podcast SmartLess.
Judy Garland
El encanto de la actriz rebosa en varios de sus proyectos más míticos, como El Mago de Oz (1939), que protagonizó a los 17 años, o su rol recurrente de la encantadora vecina Betsy en las películas de Andy Hardy.
Si bien sería torpe reducir a su etapa infantil el trabajo y brillo de la dos veces nominada al Óscar, que una etapa más adulta protagonizó clásicos como la versión de 1954 de Nace una Estrella y Judgment at Nuremberg (1961), la crítica coincide con que la industria varias veces la limitó a esos roles.
En Love Finds Andy Hardy, por ejemplo, su personaje tenía 12 años, mientras que ella realmente era cuatro años mayor.
Sin embargo, mientras era ideal mostrar una sana imagen de la infancia, la suya propia fue amarga, ya que su carrera artística arrancó cuando sólo tenía 2 años, ya que su madre, Ethel Gumm, formó un show itinerante con sus tres hijas.
De acuerdo al biógrafo Gerald Clarke, Gumm comenzó a darle pastillas para dormir y otros estimulantes a la actriz cuando tenía 10 años. Su vida, marcada por problemas de depresión y abuso de sustancias, terminó a sus 47 años, por una sobredosis accidental, a meses de iniciar su quinto matrimonio.
Gary Coleman
"¿De qué estás hablando, Willis?", era una frase recurrente de su personaje, Arnold, en la serie Blanco y Negro (Diff'rent Strokes), la cual le dio una fama abrumadora al actor, quien debutó a los 6 años.
Si bien con el show llegó a ganar 100 mil dólares por capítulo, tuvo un futuro más amargo, ya que el proyecto dejó de gustarle al no ver evolución en su rol y al terminar, no consiguió grandes papeles.
Quien fuera una gran estrella infantil demandó a sus padres y a un ex representante por malversación de su fideicomiso y más tarde recibió cargos de agresión, violencia doméstica y alteración del orden público.
Coleman creció hasta los 1.42 metros por una enfermedad renal congénita, por ello también necesitó dos trasplantes de riñón. Falleció en 2010.
Björn Andrésen
Al referirse a la estrella de 15 años de su filme Muerte en Venecia (1971), el cineasta italiano Luchino Visconti no tenía reparo en llamarlo "el chico más guapo del mundo". Aquel mote marcó, para mal, la vida de Andrésen.
"Me sentía como un animal exótico enjaulado", dijo el sueco en una entrevista a The Guardian.
El personaje de Tadzio, un joven que mientras está de vacaciones con su familia se convierte en la obsesión de un hombre mayor, le valió atenciones no deseadas de varios fans y un ritmo de vida que no necesariamente deseaba.
En Japón, donde la película fue un éxito, se volvió una estrella pop, modelo en anuncios televisivos, se vio obligado a tomar pastillas para soportar los horarios que le imponían y hasta tuvo una breve carrera musical.
Su abuela siempre quiso que tuviera los reflectores encima y lo llevó a tocar el piano en televisión a los siete años, pero él optó por un mayor anonimato después, al estudiar teatro y dirigir uno en Estocolmo, con breves apariciones en películas o series. Una de las más ilustres fue en Midsommar.
"Mi carrera es una de las pocas que empezó en la cima y luego fue cayendo en picado. Fue una experiencia solitaria", dijo el actor, quien murió en 2025.
Mary Badham
Cuando ella y su madre vieron la convocatoria masiva para la película Matar a un Ruiseñor (1962), su padre no quería dejarla ir. Sólo accedió al pensar que no se quedaría, sin esperar que aquel largometraje terminó por darle una nominación al Óscar a la pequeña por su trabajo a los 10 años.
En la cinta, la niña dio vida a Scout, hija del recto abogado Atticus Finch. En los recuerdos de Badham la experiencia fue tan amena que lo más difícil fue filmar el final porque no quería que se terminara.
"Se suponía que debía llorar, pero no pude. Me lo estaba pasando bien. Lo intentaron todo. Me llevaron aparte y me preguntaron: '¿Alguna vez has perdido una mascota?'. Finalmente, recurrieron a echarme jugo de cebolla en los ojos", escribió para The Guardian.
Pese a que sus experiencias frente a la cámara fueron buenas, prácticamente se retiró de la actuación a los 14 años, tras sólo otros dos filmes, y se dedicó a la restauración de arte.