San Luis Potosí, SLP.- El esquema de los Consejos Técnicos Escolares (CTE), que durante años implicó la suspensión de clases el último viernes de cada mes en educación básica, será modificado a fin de recuperar su propósito original sin afectar el calendario escolar.
Los CTE fueron instaurados de manera formal en el ciclo escolar 2013–2014, como parte de una estrategia de la Secretaría de Educación Pública (SEP) para fortalecer la planeación académica. Su objetivo principal era generar espacios periódicos de análisis entre docentes y personal directivo sobre el avance educativo, identificar áreas de mejora y establecer estrategias pedagógicas en beneficio de los estudiantes.
Bajo este esquema, alumnos de nivel básico —preescolar, primaria y secundaria— no asistían a clases el último viernes de cada mes, ya que ese día se destinaba exclusivamente a las sesiones de trabajo interno del personal educativo.
Sin embargo, las autoridades educativas han señalado la necesidad de ajustar este modelo. El titular de la Secretaría de Educación de Gobierno del Estado (SEGE), Juan Carlos Torres Cedillo, confirmó que la propuesta de modificación proviene del ámbito federal.
“Sí es una propuesta de la propia Secretaría de Educación Pública a nivel federal; ellos nos dicen que ya no se están cumpliendo los objetivos y que se utiliza para otras actividades”, indicó.
De acuerdo con lo expuesto, el cambio no implica la desaparición de los Consejos Técnicos Escolares, sino una reestructuración en su aplicación. A partir de este ajuste, ya no se suspenderán las clases el último viernes de cada mes. En su lugar, las actividades de análisis y planeación se integrarán de manera continua durante las semanas de trabajo escolar.
El titular de SEGE explicó que esta dinámica permitirá a los docentes dar seguimiento más puntual a su labor educativa. “Es un trabajo que cada maestro tiene que realizar para saber qué es lo que hizo, cómo avanzó y qué hay que hacer para corregir lo que está quedando pendiente”, señaló.
Este replanteamiento se da en un contexto en el que México cuenta con uno de los calendarios escolares con menor número de días efectivos en comparación con otros países de América Latina, lo que ha impulsado la revisión de esquemas que impliquen suspensión de actividades académicas.