Opinión
Una herida que no estamos cerrando
La violencia escolar no es nueva, pero sí es cada vez más visible y más preocupante. Lo que durante años se minimizó como “cosas de niños” hoy revela una realidad que lastima: niñas y niños que viven con miedo, con ansiedad y con una carga emocional que no deberían conocer a su edad. En San Luis Potosí, como en muchas partes del país, los casos de acoso escolar han dejado de ser excepcionales para convertirse en una constante que exige atención inmediata.
Los datos que no podemos ignorar
Diversos estudios del INEGI y organismos internacionales coinciden en una realidad alarmante: una proporción significativa de estudiantes ha experimentado algún tipo de acoso durante su vida escolar. La UNESCO estima que uno de cada tres estudiantes en el mundo ha sido víctima de este fenómeno. En México, el problema se manifiesta en burlas, exclusión, violencia verbal, física y, cada vez con mayor frecuencia, en entornos digitales.
No estamos frente a un problema aislado, estamos frente a un fenómeno estructural.
No es un tema de clases: el acoso está en todas partes
Uno de los errores más comunes es pensar que el acoso escolar ocurre únicamente en ciertos contextos o niveles socioeconómicos. La realidad demuestra lo contrario. Hoy, casos de acoso escolar se han documentado también en colegios de alto prestigio, donde incluso las autoridades educativas han tenido que intervenir de manera oportuna.
Esto revela algo importante: el acoso no distingue entre escuelas públicas o privadas, ni entre niveles económicos. En muchos casos, incluso, las dinámicas de presión social dentro de ciertos entornos educativos —donde se busca mantener un estatus, una imagen o una pertenencia— generan exigencias hacia las familias y hacia los propios estudiantes que van más allá del aprendizaje. Uniformes especiales, eventos, actividades o materiales de alto costo pueden convertirse en factores de diferenciación, y esa diferencia, en manos equivocadas, se transforma en motivo de exclusión, burla o acoso.
El acoso no siempre comienza con la agresión.
A veces comienza con la diferencia.
Una cultura que lo permitió
Hay una verdad que debemos reconocer con honestidad: este problema no surgió de la nada. Durante años, la burla, la humillación y la violencia fueron toleradas e incluso normalizadas en la convivencia escolar.
Todas y todos, en algún momento, fuimos testigos, víctimas o incluso parte de ese círculo. Esa memoria colectiva nos obliga a asumir una responsabilidad: lo que antes se permitió, hoy debe corregirse.
El impacto que no se ve
El daño del acoso escolar no siempre es visible. No siempre deja marcas físicas, pero sí deja huellas profundas: ansiedad, depresión, aislamiento, bajo rendimiento escolar y, en los casos más graves, consecuencias irreversibles.
Cuando una niña o un niño deja de sentirse seguro en la escuela, algo esencial se rompe. Porque la escuela no solo enseña conocimientos, también construye identidad, confianza y autoestima.
Y cuando ese espacio se vuelve hostil, el daño trasciende generaciones.
El dato jurídico: una obligación, no una opción
El derecho a una educación libre de violencia no es una aspiración, es una obligación. El artículo 3º constitucional garantiza el acceso a una educación integral, y la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes establece el derecho a vivir libres de violencia en todos los entornos, incluido el escolar.
Esto implica una responsabilidad directa para docentes, directivos y autoridades educativas. La omisión frente al acoso no es neutral. Permitirlo también es una forma de violencia.
La responsabilidad de todos
El acoso escolar no se resuelve desde un solo frente. Es una tarea compartida.
Las maestras y maestros deben observar, intervenir y proteger. Los directivos deben establecer mecanismos claros de supervisión y actuación. Los padres de familia deben educar en valores, en empatía y en respeto. Y la sociedad debe dejar de justificar la violencia como parte del crecimiento.
El silencio no protege, la indiferencia no ayuda.
Un mensaje para quienes lo viven
A las niñas y niños que hoy enfrentan acoso escolar, hay que decírselo con claridad: no están solos.
Lo que viven no es normal, no es su culpa y no debe ser tolerado. Tienen derecho a aprender, a convivir y a crecer en un entorno seguro.
La infancia no debe doler, y si duele, la sociedad tiene la obligación de responder.
Lo que toleramos también educa
El acoso escolar no es un problema menor, es un reflejo de lo que somos como sociedad. Lo que hoy permitimos en las aulas, mañana se reflejará en la vida pública.
Si normalizamos la violencia en la infancia, la perpetuamos en la adultez. Si la corregimos, podemos cambiar el rumbo.
El verdadero reto no es solo detener el acoso…es construir una sociedad donde no tenga espacio.
Para observar en la semana
En el escenario político, será importante observar los cambios que se están generando al interior de Morena, los cuales comienzan a marcar una pauta anticipada rumbo a futuros procesos electorales. La consolidación de sus estructuras internas y la posible ausencia de alianzas con otros partidos podrían redefinir el equilibrio político en diversas entidades, fortaleciendo su posicionamiento y obligando a otros actores a replantear sus estrategias.
Nos vemos…