Debutó jovencito en las telenovelas, a los 17 años, y aunque a esa edad también le apasionaba el futbol, el drama atrajo a Sergio Goyri, quien este 2026 celebra 50 años de estar frente a las cámaras.
Al público lo sedujo primero como héroe en varias películas de los 80, galán joven en telenovelas como El Maleficio (1983) y Angélica (1985), después como protagonista maduro en Días Sin Luna (1990), El Premio Mayor (1995) y Niña Amada Mía (2003), y como villano en historias como Te Sigo Amando (1996), Piel de Otoño (2005) y Soy Tu Dueña (2010).
En 50 años de trayectoria, el actor hoy de 67 años se ha caracterizado por expresar lo que siente, y ser fiel a su personalidad, y ha aprendido que el respeto es la base de todo.
"Soy alguien que no se queda con las cosas, que siempre estoy opinando, que siempre doy mi punto de vista, eso me ha traído muchos problemas, pero también me ha traído muchas satisfacciones", admitió Goyri en entrevista.
"Y hay gente a la que no le gusta que le digan las cosas y no porque esté mal lo que uno propone, sino porque no viene de ellos. Hay gente inteligente, con talento, que le gusta rodearse de personas talentosas a las que les dan oportunidad, he aprendido eso, a respetar la opinión de los demás. Voy a seguir proponiendo toda mi vida, pero si no se aceptan mis propuestas, siempre voy a respetar las decisiones del director o productor".
Actor de las desaparecidas fotonovelas, también de películas como Perro Callejero (1980), Contragolpe (1990), El Trono del Infierno (1992) y Supervivencia (1993), entre otras, Goyri diseñó un perfil que supo explotar también en los melodramas televisivos donde sigue acumulando títulos.
"Ahora en marzo cumplí los 50 años de carrera, empecé en marzo del 76. Dios nos ha bendecido con salud, también salud para mis cinco hijos", expresó contento.
"Nunca he basado mi carrera en escándalos, por eso he tenido la presencia que tengo en cuanto al trabajo. Siempre he dicho que no soy un actor de grandes éxitos, soy un actor de paciencia, de constancia y de cariño y respeto a mi profesión".
Y la mejor forma de celebrar estas primeras cinco décadas de labor artística, agregó el actor, es trabajando actualmente en Hermanos Coraje, como el villano principal de la nueva historia a cargo del productor José Alberto Castro, que se graba en Tucson, Arizona, basada en la telenovela de 1972.
Goyri compartió feliz que tiene la dicha de contar con el amor de 11 nietos "maravillosos".
"No me ha tocado tener a todos juntos, pero es una tribu maravillosa", afirmó feliz.
Además, dijo tener una relación estable con su pareja Lupita, con quien tiene varios años juntos.
"El matrimonio y los romances ya quedaron en el pasado. Nunca voy hablar mal de mis ex parejas, que hasta podría escribir un libro, pero no lo haré jamás. Les deseo siempre lo mejor", compartió.
Confesó que a su edad, las escenas que más le cuestan trabajo hacer son las de romance.
"De romance y de cama, y más si tienes a tu pareja, entonces es más difícil, pero siempre se hacen con muchísimo respeto, primero a la compañera y con el respeto a mí mismo, al público y a mi gente", señaló.
En las recientes telenovelas a Goyri se le ha visto en roles de hombres de campo, usando botas y sombrero.
"Hemos hecho otro tipo de personajes como en Niña Amada Mía (2003), o en Diseñando Tu Amor (2021), también en Dos Hogares (2011), una telenovela que hice con Anahí, pero como que la gente se identifica más con este tipo de personajes (de campo)", dijo el intérprete.
En la nueva versión de los Hermanos Coraje, que hasta el momento no tiene un título oficial, Goyri dará vida a Rogelio Barrios, un hombre ambicioso de poder y dinero, además de manipulador.
"Como todos los personajes que me toca interpretar, me gusta buscarles para que no sea un personaje aburrido, que tenga amor, que tenga comedia, que sea caritativo con su gente, que tenga ese 'yin- yang', que puede ser muy malo con la gente que no está de acuerdo con él, pero bueno con la gente que sí", adelantó.
El actor se mueve como pez en el agua en esta nueva historia donde se le verá en un ambiente campirano, de sombrero y montando a caballo, que se le da tan bien.