En el Centro de Reinserción Social de La Pila, un espacio donde el tiempo parece detenerse y los muros resguardan historias que pocas veces se cuentan, Alicia del Carmen decidió abrir una ventana a su vida. Su testimonio es el de una mujer que reconoce su pasado, pero que también reivindica su presente. “Alicia ahora es una persona diferente a la que era antes… sabe quién tiene en su vida, sabe qué es lo que quiere y también qué es lo que hizo mal”, expresa con una serenidad que solo dan los años de reflexión.
El error que cambió su destino
Sin rodeos, Alicia nombra aquello que la llevó a prisión: “Defraudé la confianza de la gente”. Un error que, asegura, fue consecuencia de decisiones tomadas sin límites claros y de una vida enfocada únicamente en el trabajo.
“Trabajaba para trabajar y trabajar, sin un sentido, eso me orilló a tomar malas decisiones”, recuerda. Su historia se remonta a 2011, cuando ocurrieron los hechos que años después, en 2018, derivaron en su detención.
El momento de su arresto quedó grabado en su memoria. Fue en Querétaro, donde vivía con su esposo e hija. “Me detienen y me dicen que me robé un auto, yo les decía que no, que ese carro era de mi esposo”, relata; horas después, la verdad saldría a la luz: enfrentaba denuncias por fraude relacionadas con su trabajo en una agencia de viajes, "ahí es cuando se le viene a uno el mundo encima”, dice, recordando el instante en que comprendió la magnitud de su situación.
Un proceso legal marcado por la incertidumbre
El camino judicial fue complejo y doloroso. Alicia buscó conciliar con las personas afectadas, pero asegura que nunca se presentaron. Mientras tanto, enfrentaba una defensa que describe como deficiente, "la fiscalía pedía 12 años y me dan 19 años en la primera sentencia”, relata con incredulidad. Posteriormente, tras una apelación, la condena se redujo a 16 años, misma que fue ratificada en 2025. A pesar de todo, sostiene que nunca se escondió: “Yo siempre di la cara, nunca dije que no les iba a pagar”. Sin embargo, las circunstancias la rebasaron y el proceso siguió su curso.
El golpe más duro: la familia
Si algo ha marcado profundamente su experiencia, no es únicamente la privación de la libertad, sino la distancia con sus seres queridos. “Lo más difícil es la separación de la familia”, confiesa. Su hija tenía 15 años cuando fue detenida. “No salía ni a la tienda sola”, recuerda. Hoy, esa misma hija ha tenido que aprender a valerse por sí misma, a madurar de golpe. “Dios va perfeccionando no nada más la vida de uno, sino la de toda la familia”. A pesar de la distancia, el vínculo permanece firme. “Nunca hemos perdido ni la esperanza ni la fe”, asegura. Su madre, de 79 años, la visita cuando puede; su esposo y su red de apoyo han sido fundamentales para sostenerla.
El encierro como punto de quiebre y crecimiento
El inicio fue devastador, "pensé que no iba a aguantar ni una semana, pensé que me iba a morir”, recuerda. Sin embargo, con el tiempo, ese miedo se transformó en un proceso de crecimiento personal, "cuando llego aquí me topo con una realidad muy fuerte y empieza mi crecimiento, un proceso humano”, explica. En ese proceso, Alicia replanteó sus valores, sus prioridades y su forma de ver la vida, "mi carácter se ha forjado en la fortaleza… en saber qué es lo más importante, que es mi familia”, afirma.
Aprender desde cero: la costura y el trabajo
Uno de los giros más inesperados en su vida fue la costura. “No sabía ni agarrar una aguja”, sin embargo, fue impulsada a integrarse a un taller dentro del penal, "yo lloraba, decía, ¿yo qué voy a hacer ahí?”, hoy, esa actividad se ha convertido en una pasión; h aprendido a diseñar, cortar y confeccionar prendas, incluso vestidos de fiesta, "ahora adoro mi máquina”, dice con orgullo. Este oficio no solo le ha dado un propósito, sino también la posibilidad de generar ingresos para apoyar a su hija en sus estudios universitarios, "so me da orgullo, me hace sentir bien”, afirma.
La educación como camino de transformación
Además del trabajo, Alicia ha apostado por la educación, actualmente cursa la licenciatura en Derecho, con un plan de 33 materias que está por concluir, "estoy estudiando para ser abogada”, dice, convencida de que el conocimiento puede abrir nuevas oportunidades. Su interés por el Derecho Penal surgió al vivir en carne propia los procesos judiciales, "aquí uno vive todo el proceso, y entiende muchas cosas que antes no sabía”, explica. Su meta es ayudar a otras personas en situaciones similares.
La libertad dentro del encierro
A pesar de los muros, Alicia encuentra un significado distinto a la libertad, "aún en este lugar nos podemos sentir libres”, asegura, en un entorno donde, a pesar del sufrimiento constante, también existen la solidaridad y la convivencia, "reímos, trabajamos, comemos juntas… compartimos sueños y esperanzas”, cuenta. Para ella, el encierro no solo limita, también ofrece la posibilidad de reconstruirse desde adentro.
Justicia restaurativa: sanar desde el dolor
Uno de los conceptos que ha marcado su proceso es la justicia restaurativa, "al día de hoy estoy restaurada, estoy lista para reinsertarme”; reconoce que el camino no ha sido fácil, pues ha sido una lección muy fuerte, muy dolorosa, pero de la cual esta agradecida, mostrando una perspectiva que transforma el sufrimiento en aprendizaje.
Un mensaje para quienes comienzan
Alicia no solo habla de su experiencia, también acompaña a otras mujeres que llegan al penal. Su mensaje es claro: "Cuesta mucho trabajo, pero sí se puede, es mejor hacer las cosas bien que seguir haciendo las cosas mal”; para ella, el verdadero reto no es solo recuperar la libertad, sino salir distinta, en paz consigo misma, con su familia y con la sociedad.
Un futuro que ya comenzó a tejerse
Hoy, Alicia no niega su pasado, pero tampoco se define únicamente por él. Entre agujas, libros y reflexiones, ha comenzado a construir una nueva vida; su mayor anhelo es claro: reencontrarse con su familia y demostrar que la transformación es posible, porque, como ella misma lo dice, incluso entre muros, siempre existe la posibilidad de empezar de nuevo.