Especialista explicó cómo el conocimiento científico de los materiales ha transformado la evolución tecnológica de la humanidad
San Luis Potosí, SLP.- La comprensión de la estructura interna de los materiales y de los defectos que permiten modificar sus propiedades ha sido fundamental para el desarrollo de la ingeniería moderna. Bajo esta premisa, el investigador emérito del Instituto de Investigaciones en Materiales (IIM) de la UNAM impartió en el Aula Magna de la Facultad de Ingeniería de la UASLP la conferencia “Dislocaciones: el defecto que hizo posible la Ingeniería Moderna”, dirigida a estudiantes y docentes, donde explicó cómo el conocimiento científico de los materiales ha transformado la evolución tecnológica de la humanidad.
Durante su charla, el especialista expuso las distintas etapas en el uso de materiales que han marcado el desarrollo humano. Recordó que en la antigüedad predominó la llamada Edad de Piedra, periodo en el que este recurso se utilizó para fabricar herramientas y construir edificaciones.
Posteriormente, explicó que esa etapa concluyó cuando, de manera accidental, se descubrieron los metales. Señaló que las antiguas civilizaciones observaron empíricamente que al combinar estaño y cobre obtenían bronce, un material resistente a la corrosión y de gran utilidad, hallazgo que dio origen a la Edad de los Metales o Edad del Bronce, entre los años 5 mil y 3 mil 500 antes de Cristo.
El doctor Torres Villaseñor señaló que el avance en el estudio de los materiales se aceleró especialmente durante la Segunda Guerra Mundial. Explicó que hacia el año 1900 surgieron diversas tecnologías que permitieron comprender por qué los metales poseen una estructura cristalina ordenada, lo que hizo posible que el trabajo de los metales dejara de ser un arte empírico para convertirse en una ciencia.
En este contexto, destacó que la deformación de un metal no ocurre por la simple compresión de los átomos, sino por el deslizamiento de planos cristalinos completos dentro de su estructura. Este entendimiento llevó a la comunidad científica a investigar qué fuerzas eran necesarias para deformar los metales y cómo optimizar esos procesos con menor esfuerzo.
La respuesta científica surgió en 1934, cuando los investigadores G. I. Taylor, Egon Orowan y Michael Polanyi propusieron el modelo de dislocaciones, el cual explica que al introducir defectos en la estructura cristalina de los metales se facilita su deformación. Según explicó el conferencista, este hallazgo permitió entender cómo controlar las propiedades mecánicas de los materiales.
Gracias a ese conocimiento, añadió, hoy es posible ajustar características como la ductilidad, resistencia y dureza de los metales, lo que ha permitido fabricar objetos y estructuras fundamentales para la vida moderna. “Movieron los átomos para generar el defecto que explica esa deformación”, comentó al referirse al trabajo de los científicos que desarrollaron esta teoría.
Al finalizar la conferencia, el investigador respondió preguntas de los asistentes y agradeció la oportunidad de compartir este conocimiento con la comunidad universitaria de la UASLP.