El Alma se vuelve errante y los ojos miran hacia el cielo en una búsqueda inconsciente cuando no hemos sentido nuestras raíces afianzarse en la tierra que nos sostiene. Hay gente que lleva en su corazón una profunda tristeza llena de ecos en el pecho y que no sabe de dónde viene.
“Es como si me faltara algo” dicen. Y cuando miramos en su constelación en la consulta terapéutica, es conmovedor observar cómo llegan aquellos ancestros lejanos o no tanto, que se quedaron en otras tierras. Y entonces, vivir sin saber que lo que falta con tantas ansias y melancolía es una cultura entera, los olores de esos campos, las risas, las costumbres, los abrazos y todas esas historias que sucedieron en otro lugar que de momento solo habita energéticamente en los sueños o en momentos de ensoñación, como un recuerdo vago, pero que se siente como un consuelo dulce, momentáneo. Y dicen: “Es que siento nostalgia, pero no se dé qué o de quien.”
Y entonces Él o Ella les mira y les dice: “Yo soy uno(a) de ustedes, nosotros venimos de aquel lugar y les pido que me bendigan y sepan que aquí, en donde estoy ahora hecho raíces junto con ustedes, nuestra tierra vive ahora aquí y compartimos nuestra cultura con esta hermosa gente que ahora también son unos de los nuestros.” Y así los corazones se tejen.
Si honramos y miramos a nuestros ascendientes con respeto y les damos un lugar en nuestro corazón, podemos incluso ser viajeros y no sentir desarraigo, porque llevamos nuestras raíces con nosotros a cualquier sitio. El hogar que está encendido como una fogata amorosa en el alma y que puede encenderse hasta en el lugar más remoto de nuestro lugar de origen. Todo lo que eres, tu mente, tus emociones, tu energía, la sabiduría de tu alma, para poder experimentar en plenitud esa esencia única, habrá de sembrarse.
¿Cómo si no dar frutos? ¿Cómo si no, ver, tocar, oler, escuchar y sentir lo que somos, si vivimos evadidos y desconectados de la tierra que nos abraza primero, para después lanzarnos hacia el cielo? Las flores perfumadas y coloridas de la existencia solamente pueden existir si antes hicimos el trabajo de echar raíces.
A veces puede darnos temor sentir, tocar esto que hemos creado como colectivo sobre la corteza terrestre y por eso nos evadimos, no queremos saber sobre el pasado como un profundo auto-conocimiento y nos fugamos a la mente, a lo puramente intelectual o en ocasiones a lo espiritual, sin escuchar a las entrañas, sin acostarnos sobre la tierra a escuchar su latido, a sentir como corre la sangre dentro de nosotros, a enterarnos de lo que es y lo que se siente mirar con embeleso a las plantas y respirar conscientemente el aire fresco de un lugar natural. Y tristemente nos desconectamos de Ella, de la Madre que nos lo ha regalado todo.
Es hermoso sentir que todos tus ancestros están contigo, todos los seres de todas las especies, los reinos, los elementos y al unísono como un solo sistema, como un solo cuerpo danzan en perfecta sincronía para mirar con asombro y también con honra tu existencia manifestada terrenalmente.
¿Puedes pensar ahora, qué es lo que has sembrado hasta ahora en la tierra? ¿Tal vez, soluciones, conocimiento, experiencias, belleza, sanación, creaciones materiales? ¿Qué energías has traído contigo para existir físicamente en este planeta? ¿En dónde estás sembrado(a) tú? ¿Puedes crear tu hogar santo en cada lugar en el que estás, porque estás arraigado en todo tu ser? ¿O estás desconectado(a) de tu cuerpo y toda su información? ¿Te estás habitando?
Es muy doloroso estar con alguien que amamos y que está desconectado(a), que se va, que no está presente, que está desprendido(a), pues vive en otro espacio, en otro tiempo, en otra dimensión. Sus raíces están volando y puede ser tu pareja, tus hijos, tus padres, amigos(as) o incluso un vecino distante que parece que no está.
El cuerpo, se va quedando inhabitado. Buscar el sentido, la dirección, el motivo, el propósito para seguir, es imprescindible para seguir nutriendo nuestras raíces y, por ende, continuar cosechando y creando amor, comunicación, experiencias, historias y conexiones en la tierra. Amar, honrar y respetar nuestro lugar de nacimiento, la cultura, a los que nos antecedieron con lo bueno y lo no tan bueno y en aceptación, fortalece nuestras raíces.
Estar presente sintiendo tu cuerpo, escuchando plenamente el susurro del viento que acompaña el crujir de tus raíces creciendo hacia lo profundo, no solo te fortalece a ti, sino que a los que vienen después de ti, porque les creas hogar, les das identidad y amparo en esta tierra y también les das la oportunidad de ser ciudadanos del mundo, con la absoluta certeza de que pueden moverse y echar raíces en cualquier sitio, llenando ese lugar de un cálido abrazo de unión y pertenencia. Las raíces que crecen en lo profundo se comunican con cantos, melodías que nos empujan a seguir floreciendo como habitantes y hermanos(as) en este bello, el hogar de todos.
Gracias por caminar juntos.
Tu terapeuta.
Claudia Guadalupe Martínez Jasso.