San Luis Potosí, SLP.- La reaparición del cantante Kevin Moreno en escenarios de San Luis Potosí no solo anuncia música, revive una herida que sigue abierta y, para muchos, evidencia que las lecciones no se aprendieron.
Este 24 de abril, el artista tiene programada una presentación en el antro Luthor Night Club, ubicado en la zona de Lomas. Sin embargo, lejos de generar expectativa, el evento ha detonado una oleada de cuestionamientos ciudadanos que apuntan directamente a la memoria, la justicia pendiente y la responsabilidad de las autoridades.
El nombre del cantante inevitablemente remite a lo ocurrido el 7 de junio de 2024 en el bar Rich, donde una presentación suya derivó en una tragedia, el sobrecupo provocó el colapso de un barandal de vidrio, dejando decenas de heridos y la muerte de dos jóvenes.
A casi dos años, el caso sigue sin cerrarse del todo. Hay personas detenidas, pero también una carpeta de investigación abierta que mantiene bajo la lupa posibles omisiones tanto de particulares como de autoridades. Para las familias, la justicia sigue incompleta.
Hoy, el foco ya no está solo en el artista, sino en lo que su presentación representa. Familiares de víctimas y usuarios en redes han alzado la voz ante lo que consideran una peligrosa repetición de condiciones, eventos masivos en espacios que, denuncian, podrían no cumplir con las garantías necesarias.
“Pareciera que se están burlando de las víctimas”, reclamaron públicamente, al señalar que no se estaría aplicando el nuevo reglamento de Comercio que surgió precisamente tras la tragedia.
El señalamiento escala cuando se menciona directamente al director del área, Ángel de la Vega, a quien acusan de autorizar el evento sin considerar los antecedentes.
Aunque no existe una acusación formal que responsabilice penalmente al cantante, su nombre aparece en la narrativa pública como parte de un contexto que, aseguran las víctimas, no ha sido atendido con la seriedad que merece.
La presentación de este viernes, advierten, no debería verse como un espectáculo aislado, sino como una prueba de ver si San Luis Potosí realmente cambió después del desastre o si, como temen muchos, la tragedia quedó solo en el recuerdo, mientras los riesgos siguen intactos.