Darren Aronofsky llegó al Festival Internacional de Cine en Guadalajara sin una película nueva que presentar, pero con una preocupación que atravesó la charla de más de 90 minutos que ofreció la noche de este martes: cómo sostener la atención del espectador en un momento en que el cine compite con el celular y con formas de consumo más breves y dispersas.
"Es horrible. No quieres aburrir a una audiencia. La atención es muy importante, y una vez que la rompes, se rompe. Hoy eso es más desafiante porque la gente está en sus teléfonos; muchas personas verán tu película en su teléfono o la verán en la televisión mientras siguen en su teléfono", dijo durante el encuentro, que llenó la Sala 2 del Conjunto de Artes Escénicas.
Esa preocupación, dijo, viene desde Pi (1998), su primer largometraje. Cuando hablaba de esa película como una montaña rusa, no aludía únicamente al ritmo, sino a la necesidad de atrapar al público y sostener su atención. Añadió que esa misma lógica puede funcionar en una historia más pausada como La Ballena (2022), siempre que el espectador encuentre una recompensa emocional.
"Es como si contar historias fuera nuestra tecnología más antigua. Es lo que hemos hecho desde el principio. Y creo, y no soy el único, que nuestros cerebros están formados para entender y contar historias.
"Estamos construidos como máquinas de contar historias, y eso nos lo están quitando con clips de ocho segundos, TikTok y redes sociales, donde la gente recibe dosis rápidas de dopamina que están cortocircuitando nuestros sistemas", comentó.
Para sostener ese punto, habló de la huella que una película deja en la memoria del espectador. Pidió pensar en una película que cada quien ame y señaló que suele ser fácil recordar con quién se vio, qué se hizo al salir y con quién se habló después.
Esa diferencia, afirmó, está en que una historia larga deja una huella más durable, mientras que el consumo de clips encadenados en el teléfono tiende a diluirse con mayor rapidez.
Casi al final de la ronda de preguntas y respuestas con sus fans, en su mayoría estudiantes de cine, una inquietud sobre el futuro del trabajo en el séptimo arte llevó la charla hacia la inteligencia artificial.
Aronofsky dijo que el tema no puede despacharse con ligereza. Lo relacionó con otros cambios tecnológicos, como la llegada del sonido, pero subrayó que esta vez el impacto será más intenso y vendrá acompañado de un periodo difícil para quienes trabajan en la industria.
"Va a haber mucho dolor. Y está un poco en la tradición de lo que ha sucedido en la realización de películas a lo largo de la historia de hacer cine, pero creo que la situación es diferente y más intensa y más grave que eso, y es solo algo que va a ser difícil de superar. Pero no sé si la respuesta es ignorar estas herramientas y simplemente... luchar contra ellas", señaló.
El homenajeado internacional del FICG 41 también habló de sus inicios independientes, de cómo las limitaciones ayudaron a moldear su lenguaje visual y de la confianza que busca construir con los actores en cada proyecto.
Al responder cuál era su película mexicana favorita -dejando fuera a Alfonso Cuarón, Alejandro G. Iñárritu y Guillermo del Toro-, dijo que la primera que se le venía a la mente era Nuevo orden, de Michel Franco.
ASÍ LO DIJO:
"El peligro es que realmente creo que la narración de historias está bajo ataque en el sentido de que la gente no está viendo películas como solía hacerlo".
Proyecto en curso
Antes de la clase magistral, el director de Réquiem por un Sueño (2000) asistió a la inauguración de la exposición "Human Nature", integrada por obra del artista español Liqen y vinculada a una etapa previa del proyecto cinematográfico que Aronofsky ha desarrollado durante 27 años, recién publicado en formato de cómic. Ahí comentó que la película podría concretarse en un par de años.