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Expansión industrial y urbana tensiona a la ciudad

Especialistas advierten que el crecimiento urbano e industrial supera la capacidad de servicios básicos y crecen los riesgos por contaminación del aire.

San Luis Potosí está creciendo, pero no necesariamente avanzando. Bajo el ritmo acelerado de su expansión urbana e industrial, la ciudad comienza a mostrar señales claras de agotamiento: aire contaminado, drenajes colapsados y una infraestructura incapaz de responder a las necesidades básicas de su población. Lo que hoy enfrentan miles de potosinos no es únicamente una consecuencia del cambio climático, sino el resultado de años de planeación deficiente que han permitido que la mancha urbana avance sin orden ni control.
 
Deterioro ambiental 
Para Josafat Contreras Domínguez, asesor del proyecto de restauración de ecosistemas en el Corredor Biocultural Centro Occidente, la problemática tiene raíces profundas y compartidas en toda la región del Bajío, pero en San Luis Potosí adquiere un matiz particularmente preocupante, “el deterioro ambiental, la fragmentación de hábitats y la contaminación de mantos freáticos están impactando directamente a las comunidades”, advierte.
 
Ladrilleras sin control 
Sin embargo, el problema va más allá del daño ecológico. En la capital potosina, la expansión urbana ha permitido que zonas industriales queden prácticamente dentro de colonias habitacionales, exponiendo a la población a contaminantes de manera constante. Vecinos del norte de la ciudad han denunciado quemas clandestinas durante la noche en instalaciones industriales. Aunque las inspecciones oficiales no han detectado emisiones visibles en horarios habituales, los reportes ciudadanos apuntan a una realidad distinta: la contaminación ocurre cuando nadie está vigilando.
Ante estas denuncias, la titular de la Secretaría de Ecología y Gestión Ambiental (SEGAM), Sonia Mendoza Díaz, anunció operativos nocturnos en coordinación con Protección Civil. La medida busca cerrar los vacíos de supervisión, pero también evidencia una debilidad institucional, "el crecimiento de la ciudad nos obliga a reforzar la vigilancia ambiental”, reconoció. Actualmente, San Luis Potosí cuenta con apenas cinco estaciones de monitoreo de calidad del aire, una cifra insuficiente para una ciudad en expansión. Esto limita la capacidad de detectar contaminantes y responder oportunamente a episodios de riesgo.
 
Crisis no del clima, de ls ciudad misma
Desde el ámbito académico, el diagnóstico es aún más directo. Para José Antonio Ávalos Lozano, responsable del Centro Nacional de Variabilidad Climatica, Teledetección y Evaluación de Riesgos (VARICLIM) de la UASLP, el origen de la crisis no está en el clima, sino en la ciudad misma. “El problema no es el cambio climático, es la mala gestión de la infraestructura”, afirmó. Aunque este año será particularmente caluroso, las lluvias se mantendrán dentro de lo normal. Pero esto no es una buena noticia, al contrario, exhibe la fragilidad urbana. Una lluvia ligera bastó recientemente para colapsar un colector pluvial en la avenida Coronel Romero, provocando el desbordamiento de aguas negras y basura. No fue un fenómeno extremo, fue una falla estructural. “La infraestructura está rebasada”, sostiene Ávalos Lozano.
 
Calidad del aire en duda 
A esto se suma un fenómeno complejo: la calidad del aire en San Luis Potosí puede cambiar en cuestión de horas. Incendios, emisiones industriales y condiciones atmosféricas generan picos de contaminación que muchas veces pasan desapercibidos. “La contaminación no es constante, pero sí recurrente y peligrosa”, explica el especialista.
Las corrientes de aire trasladan contaminantes a comunidades cercanas, ampliando el problema a nivel regional. Además, el investigador advierte sobre la falta de regulación efectiva en algunos sectores industriales. “Hay empresas que actúan sin control”, señaló.
El resultado es una ciudad donde la contaminación, los fallos en drenaje y la falta de servicios básicos comienzan a formar parte de la vida cotidiana. San Luis Potosí enfrenta así una crisis silenciosa, pero constante. No es la naturaleza la que está rebasando a la ciudad, sino su propio modelo de crecimiento. Si no se corrige el rumbo, el futuro es claro: una ciudad que seguirá expandiéndose, pero cada vez con menos capacidad para sostener a quienes la habitan.
 

 

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