San Luis Potosí, SLP.- Lo que fue minimizado como un “asunto interno” hoy regresa con más fuerza, pero ya no desde los escritorios académicos, sino desde las voces de quienes viven el problema en carne propia, los estudiantes.
La Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP) vuelve a colocarse en el foco rojo por presuntos casos de acoso, abuso de poder y violencia institucional. Esta vez, la inconformidad no proviene de docentes —como ocurrió meses atrás— sino del alumnado, que decidió hacer pública su denuncia a través de una manta colocada en el acceso del plantel.
El mensaje es directo, sin filtros y con nombre propio:
“Sandra E. Garza A., ¿coordinadora o abusadora? De psicopedagogía, acosa a agresora estudiantil.”
La acusación señala presuntas agresiones psicológicas y verbales, así como la supuesta protección a docentes denunciados por acoso y la existencia de dinámicas de hostigamiento contra alumnas dentro de la facultad.
El caso no surge de la nada. Hace apenas unos meses, profesores de esta misma facultad denunciaron abusos de poder, lo que derivó incluso en un paro de actividades. Sin embargo, la respuesta institucional fue tibia. El rector calificó la situación como un conflicto interno, restándole peso público.
Hoy, esa minimización pasa factura.
Porque cuando las autoridades no actúan, el problema no desaparece, escala.
Ahora son los estudiantes quienes levantan la voz, evidenciando que las denuncias previas no solo no fueron atendidas, sino que el ambiente al interior de la facultad habría empeorado.
Lo ocurrido en Psicología no es un caso aislado. La historia reciente de la universidad muestra un patrón preocupante:
* Ya ocurrió en la Facultad de Derecho
* Ya ocurrió en Ciencias
* Ya ocurrió en Economía
* Hoy ocurre en Psicología
En todos los casos, las denuncias de acoso, abuso o violencia institucional emergen primero desde dentro, crecen, son minimizadas y terminan explotando públicamente.
La constante no es el conflicto, es la falta de respuesta efectiva.
¿Qué tiene que pasar para que se actúe?
La pregunta ya no es si existen denuncias. Es evidente que sí.
La pregunta es otra:
¿Qué tiene que suceder para que las autoridades universitarias dejen de reaccionar tarde?
Porque cada vez que un caso se ignora, se manda un mensaje claro, denunciar no sirve. Y entonces, los estudiantes recurren a lo único que les queda: exhibir.
Hoy es una manta.
Mañana podría ser un paro general.
Después, una crisis institucional mayor.