San Luis Potosí, SLP.- En medio del encarecimiento sostenido de productos básicos, la presión social ya no solo proviene de sectores económicos, sino también de voces tradicionalmente prudentes como la de la Iglesia. Desde la Arquidiócesis de San Luis Potosí, el vocero, Tomás Cruz Perales, lanzó un mensaje que, más que pastoral, suena a reclamo directo, la inflación no se contiene con recomendaciones simplistas, sino con decisiones de fondo.
El señalamiento surge en un contexto donde el aumento en los combustibles vuelve a detonar el conocido efecto dominó, transportarse cuesta más y, en consecuencia, todo lo demás también. Este fenómeno, reiterado y previsible, sigue golpeando con mayor fuerza a quienes menos tienen, evidenciando que el problema no es nuevo, pero sí persistentemente mal atendido.
Lejos de suavizar el tono, el vocero cuestionó la narrativa oficial que intenta reducir el impacto inflacionario a decisiones de consumo individual. La sugerencia de optar por gasolina más barata, dijo en esencia, no solo es insuficiente, sino que subestima la realidad de una población que enfrenta un deterioro constante en su poder adquisitivo.
El trasfondo del mensaje es claro, la política económica no puede limitarse a paliativos discursivos mientras los precios siguen escalando. La exigencia es hacia medidas concretas, estructurales y, sobre todo, creíbles. Porque más allá de promesas pasadas sobre estabilidad en los precios, lo que hoy predomina es la percepción de un gobierno rebasado por una dinámica que afecta directamente la vida cotidiana.
Así, la crítica desde el ámbito religioso deja de ser un pronunciamiento aislado y se convierte en un reflejo del malestar generalizado, la inflación no solo encarece productos, también erosiona la confianza.