La presidenta Claudia Sheinbaum, acudió a la cumbre “Global Progressive Mobilization”, celebrada en Barcelona. Líderes latinoamericanos como el de Brasil, Colombia y el jefe del Gobierno español, celebraron dicho encuentro para “defender la democracia”. Independientemente de posiciones ideolgógicas, por el profundo significado que tiene la relación entre México y España, habría que celebrar que la mandataria haya asistido a tierras ibéricas. La raíz común entre ambas naciones, es una de las mayores fortalezas que tendremos en la reconfiguración global, por lo que es un acierto corregir la herencia nociva que AMLO dejó, por sus distorsiones y traumas, que incluso produjeron una sensación de “crisis diplomática”.
No obstante, es indispensable tener presente que también se corrieron riesgos para la relación con Estados Unidos. La reunión de líderes de “izquierda”, fue percibida como un bloque, contrario a la visión “facista” que representa Donald Trump e implicitamente, favorable a sus competidores (China y Rusia). ¿Puede México darse ese lujo en estos momentos?
La reflexión cobra mayor relevancia, si se entiende que conforme se acerca la elección intermedia en Estados Unidos, el mandatario republicano buscará garantizar que su partido mantenga la mayoría, por lo que arreciará la búsqueda de “entregables”, que persuadan al electorado de aquél país.
Con una mayoría republicana “apretada” como la actual (solo siete escaños más en la Cámara de Representantes y 8 senadores en el Senado), una derrota para Trump, sigrnificaría un freno directo a su margen de maniobra e incluso la amenaza de un “impeachment”. En este escenario, entre los principales problemas que hoy enfrenta Trump, están el incremento de la inflación interna y la mala percepción por el conflicto con Irán. Por ello cobran relevancia las cartas que aún podría utilizar, para la promoción de su gestión en los siguientes meses.
La llamada “Doctrina Donroe” (América para los Americanos), es parte de su línea discursiva para “Hacer a América Grande de Nuevo”. Desde la llegada de Milei en Argentina, la caída de Maduro e incluso el triunfo de Nasry “Tito” Asfura en Honduras, Donald Trump ha buscado “pintar de derecha” al continente. No es casualidad que ante las próximas elecciones en Colombia y posteriormente en Brasil, los mandatarios de estos países se agrupen en Barcelona. ¿Conviene a México jugársela al cien por ciento con ese grupo?
En Colombia, la primera vuelta para la elección presidencial, se realizará el 31 de mayo, mientras que una eventual segunda vuelta, se encuentra programada para el 21 de junio. Las pasadas elecciones legislativas del 8 de marzo, legaron un panorama fragmentado, sin mayorías claras y con una reñida lucha entre las fuerzas políticas. Sin embargo, el “petrismo” enfrenta aún el reto de definir un candidato único.
En Brasil, la elección presidencial del 4 de octubre, con Lula da Silva como candidato a reelegirse, contra Flávio Bolsonaro (hijo del expresidente -hoy preso- Jair Bolsonaro), está enmarcada con tensiones políticas, sociales e incertidumbre económica. Pese a que Lula hoy es el favorito, prevalece una “volatilidad estructural” y un alto grado de ambivalencia ideológica. Será una elección reñida que al final definirá un 10% del electorado indeciso y “swinger”.
En este contexto, dos países cobran una relevancia superlativa. Por un lado, Cuba. La eventual caída de su régimen de 67 años, sería un ícono de relevancia histórica. ¿Saldrá Miguel Díaz Canel? ¿Quedaría al frente un integrante de la familia Castro? Hay quienes apuestan a que será antes del 26 de julio (fecha del asalto al cuartel Moncada). Por otra parte, México, que en materia de fentanilo y migración, apuntalaría contundentemente la narrativa “trumpista”. ¿Se pondrá énfasis en la “narcopolítica”? ¿Caerá alguno o varios gobernadores? ¿Serán detenidos funcionarios de pasadas administraciones o incluso de la actual? Muy probablemente, entre el fin del mundial y noviembre lo sabremos.
Por último, estos “entregables” en el continente, no tendrán mayor impacto, si la inflación continúa y afecta el bolsillo de los votantes. El nivel de la taza de interés que imponga la Reserva Federal podría ser crucial. Por esa razón, no hay que perder de vista el perfil de la sucesión en la Fed con la salida de Jerome Powell.
Es evidente que las semanas y meses por venir serán complejos. La presidenta Sheinbaum debería cuidar sus apuestas y sobre todo, garantizar que si hay “entregables” para el caso mexicano, éstos le convengan para su permanencia en el gobierno.