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La revisión del T-MEC ya entró en una nueva etapa

Opinión.

La visita de Jamieson Greer a México para la segunda ronda de conversaciones sobre la revisión del T-MEC confirma que este proceso ya entró en una fase más delicada y más decisiva. Desde marzo, México y Estados Unidos acordaron mantener reuniones regulares rumbo a la revisión conjunta prevista para el 1 de julio de 2026. En esa ruta aparecen temas como reglas de origen, cadenas de suministro, contenido regional y medidas para reducir dependencias externas dentro de América del Norte.
 
A estas alturas conviene mirar el proceso con más atención y con menos ingenuidad. Sobre la mesa hay asuntos comerciales y técnicos, desde luego, pero en el fondo lo que se está reacomodando es una relación de fuerzas dentro de la región. Greer ha señalado la preocupación de Washington por la relocalización de operaciones hacia México, por la triangulación comercial y por la necesidad de revisar reglas de origen para que los beneficios del tratado permanezcan entre los socios. Detrás de ese lenguaje hay una idea muy clara. Estados Unidos quiere influir con mayor fuerza en la manera en que se distribuyen la producción, la inversión y las ventajas de la integración regional.
 
México tiene que llegar a esta etapa con lectura política, con claridad técnica y con una estrategia propia. Marcelo Ebrard adelantó que nuestro país insistirá en mantener el tratado, en eliminar aranceles y en defender sectores sensibles para la economía nacional, además de incorporar a la iniciativa privada en esta segunda ronda. Esa decisión es correcta porque lo que viene exige coordinación, firmeza y capacidad para sostener una posición seria frente a presiones que van a crecer.
 
Para San Luis Potosí, esta conversación tiene consecuencias concretas. Aquí la integración económica de América del Norte se refleja en empleo, proveeduría, industria, logística y expectativa de nuevas inversiones. Cuando cambian las reglas de origen o se endurecen ciertas condiciones comerciales, eso repercute en la estabilidad de cadenas productivas y en la vida diaria de muchas familias. Por eso, lo que se acuerde en esta etapa también impactará a estados productivos como el nuestro.
 
Desde mi responsabilidad como presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores América del Norte en el Senado, estoy convencida de que México debe participar en esta revisión con sentido de Estado. Hace falta defender el interés nacional con firmeza, cuidar nuestros sectores estratégicos y entender que esta etapa también va a influir en la posición que nuestro país tendrá dentro del nuevo mapa productivo regional.
 
La visita de Greer importa por eso, porque marca un momento en el que la revisión del T-MEC deja de ser una conversación preliminar y empieza a convertirse en una disputa más visible sobre quién pone las reglas, quién atrae la inversión y quién logra mejores condiciones para su industria y su empleo. México tiene con qué hacerse escuchar con inteligencia, con unidad y con una visión clara de futuro.
 
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