Amigas y amigos de Plano Informativo, hoy hablaremos de esos lugares en San Luis Potosí que parecen diseñados para resguardar el alma de la ciudad, y el Museo Francisco Cossío es, sin duda, uno de ellos.
Y es que más allá de sus muros de cantera y su invaluable acervo, lo que realmente le da vida a este recinto es su capacidad de transformarse en un espacio vivo. En estos días, ese eco histórico se llena de algo mucho más íntimo y vibrante, la voz de los potosinos en una edición más de su ya esperado “Micrófono Abierto”.
Como mujer y como alguien que encuentra en la palabra un refugio, no puedo evitar sentir un entusiasmo especial por este tipo de encuentros. En un mundo que a veces parece ir demasiado rápido, donde la comunicación se ha vuelto instantánea pero a menudo vacía, que un museo nos invite simplemente a detenernos y escuchar es un regalo que no deberíamos dejar pasar.
A veces, cuando escuchamos la palabra “poesía”, cometemos el error de pensar en algo lejano, reservado para los libros antiguos o para los intelectuales en bibliotecas con olor a tiempo. Pero la magia del “Micrófono Abierto” radica precisamente en derribar esa barrera. Aquí no se trata de quién escribe mejor o quién tiene la rima más perfecta; se trata de quién tiene la valentía de compartir un pedacito de su mundo interior.
Me encanta pensar en la diversidad de personas que se dan cita en el Cossío. Jóvenes que quizá llevan sus primeros versos anotados en el celular, adultos mayores que rescatan memorias del San Luis de ayer, o madres que, como yo, encuentran en un poema la forma de nombrar lo que el día a día no nos permite. Es una democratización del arte que nos recuerda que todos, absolutamente todos, tenemos una historia que merece ser contada.
Lo he dicho antes y lo sostengo con el corazón: los museos deben ser extensiones de nuestra casa, y sin duda alguna, acciones como esta hacen que el Cossío deje de ser ese edificio imponente que miramos desde afuera para convertirse en nuestro propio patio, en un foro donde la cultura no se observa, sino que se vive.
El acto de tomar el micrófono es mucho más que una lectura; es un acto de resistencia frente a la indiferencia. En un foro de micrófono abierto, las jerarquías desaparecen. No importa tu profesión o tu edad; lo que importa es esa conexión invisible que se genera cuando una persona decide ser vulnerable frente a desconocidos y, al hacerlo, descubre que no está sola en sus sentimientos.
Así que si tú, querida lectora, o tú querido lector, tienes por ahí un pensamiento guardado, un poema que se escribió en un momento de soledad o simplemente el deseo de rodearte de belleza, esta es una invitación abierta a no dejarlo pasar.
Y es que la belleza de la poesía no requiere que seas un experto, solo se requiere estar presente.
Acompañar estos esfuerzos del Museo Francisco Cossío es fundamental para que nuestro Estad siga siendo un referente de sensibilidad y cultura comunitaria. Salir de la rutina para ir a escuchar versos bajo las luces de uno de los edificios más bellos de San Luis es, en mi opinión, uno de los mejores planes para cerrar la semana con el espíritu renovado.
Démonos la oportunidad de habitar la palabra. Vayamos a escuchar, a aplaudir el valor de los demás y, por qué no, a soltar nuestra propia voz. Porque mientras haya un micrófono encendido y un oído dispuesto, San Luis Potosí seguirá siendo una ciudad donde la poesía, esa que nace del pueblo y para el pueblo, nunca dejará de latir.
Hagamos siempre una pausa, para recordar que, al final del día, la palabra es el puente más hermoso que podemos construir entre nosotros.
De corazón, gracias por su lectura.
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