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Detectan puntos críticos de tiraderos clandestinos en delegación de La Pila

Lejos de tratarse de casos aislados, la proliferación de tiraderos clandestinos ha comenzado a expandirse, particularmente en zonas con menor vigilancia o de difícil acceso

San Luis Potosí, SLP.- En la capital potosina, el problema ambiental no siempre se percibe en grandes cifras o discursos institucionales, sino en lo cotidiano, una esquina convertida en depósito improvisado, un lote baldío saturado de desechos o calles donde la basura parece no tener responsable. Detrás de esta postal urbana, las autoridades han detectado un patrón que se repite, la disposición inadecuada de residuos tanto por ciudadanos como por empresas.
 
Lejos de tratarse de casos aislados, la proliferación de tiraderos clandestinos ha comenzado a expandirse, particularmente en zonas con menor vigilancia o de difícil acceso, como la delegación de La Pila. Ahí, recientemente se detectó un punto de manejo irregular de desechos que, por sus características, evidencia una práctica que se esconde en los márgenes de la ciudad.
 
El director de Ecología y Gestión de Residuos, Jaime Mendieta Rivera, reconoció que el problema tiene raíces más profundas que la simple recolección. “Lo que nos seguimos encontrando es algún tipo de acumulación en algunas esquinas”, señaló, dejando ver que incluso en zonas como el Centro Histórico persisten estas conductas.
 
Más que un tema de infraestructura, el conflicto parece estar vinculado a hábitos arraigados. “Luego es bien común para los ciudadanos ir agrupando algún tipo de residuos, cubetas, muebles, cartones”, advirtió, una práctica que, aunque aparentemente inofensiva, terminó por detonar focos de contaminación.
 
En el caso detectado en La Pila, la dimensión del problema fue evidente. “Fue un espacio amplio”, comentó el funcionario, al explicar que este tipo de sitios suelen operar fuera de regulación. “Están en lugares de difícil acceso”, añadió, lo que complica tanto su detección como su intervención.
 
A esto se suma un elemento aún más delicado, no todos los residuos que terminan en estos puntos son convencionales. “Son materiales que necesitan un manejo diferente”, puntualizó Mendieta Rivera, lo que implica riesgos adicionales para el medio ambiente y la salud pública.
 
Aunque La Pila ha sido uno de los focos recientes, la problemática no distingue zonas. “Se han intervenido algunas zonas, no nada más en la delegación de La Pila, en toda la ciudad”, afirmó, evidenciando que el fenómeno está extendido y requiere atención constante.
 
Frente a este escenario, el Ayuntamiento ha optado por combinar operativos con campañas de limpieza. En colonias como Fonavit Morales, estas acciones han dado resultados tangibles. “Recolectamos 7 toneladas de cacharros”, informó, como parte de una jornada reciente de descacharrización.
 
Sin embargo, el reto no recae únicamente en la autoridad. En el caso de comercios y empresas, existen obligaciones claras que no siempre se cumplen. “Todos los comercios en la ciudad que generan más de 25 kg de residuos, tienen que contratar un servicio particular de recolección”, explicó, subrayando la corresponsabilidad en el manejo de la basura.
 
Paradójicamente, incluso en el Centro Histórico —donde el servicio de recolección es constante— persisten prácticas inadecuadas. “Es la única parte de la ciudad que la recolección es constante”, recordó, cuestionando implícitamente por qué, pese a ello, continúan los tiraderos improvisados.
 
El mensaje final es claro: la basura no aparece sola. Detrás de cada montón hay una decisión —o una omisión— que termina por afectar a toda la ciudad. Y aunque las sanciones económicas son una herramienta para frenar estas prácticas, el verdadero cambio parece depender de algo más complejo, modificar la relación cotidiana de los ciudadanos con sus propios residuos.
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