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Melchor Peredo, un cultor del muralismo

El muralismo mexicano no muere con el artista Melchor Peredo, uno de sus últimos cultores, pero sí cierra un capítulo.
 
 Fallecido este miércoles a los 99 años en Xalapa, Veracruz, Peredo no sólo fue un muralista infatigable y constante hasta sus últimos años de vida, sino también un cronista de esta corriente artística en su estado adoptivo.
 
 "Sí fue el fin de una época, definitivamente, pero no sería el último muralista", ponderó en entrevista la especialista Guillermina Guadarrama, investigadora del Centro Nacional de Investigación y Documentación de Artes Plásticas (Cenidiap) del INBAL.
 
 "Él es un muralista muy importante, aunque poco conocido, porque residió la mayor parte de su vida en Xalapa por cuestiones de salud, pero ha dejado un precedente tanto en Francia como en México, y también en Estados Unidos.
 
 "Y, bueno, además de muralista, fue un gran escritor, rescatando el legado mural de los años 30 en Veracruz", expuso.
 
 Su deceso fue dado a conocer en redes sociales por la gestora y promotora cultural Lourdes Hernández Quiñones, su pareja.
 
 "Melchor Peredo, mi compañero de vida, acaba de fallecer. Muralista, antes que pintor, artista de mirada creativa. Hoy vuela alto, ya en un cielo infinito de luz y color", compartió.
 
 Nacido en la Ciudad de México en 1927, Peredo es autor de más de 50 murales, entre los que destacan los que concibió para Veracruz: Resistencia heroica, en el antiguo Palacio de Justicia de Veracruz, y Una revolución continua, en el Palacio de Gobierno en Xalapa, entre muchos otros.
 
 "Es una figura muy importante. Él estuvo conviviendo con José Clemente Orozco, con Diego Rivera; todavía le tocó esa etapa.
 
 "Y casi a los 100 años él seguía pintando murales en Veracruz, en diferentes centros de ese Estado y, bueno, con este País, que somos tan centralistas, lo que no ocurre en la Ciudad de México parece que no ocurre nunca", lamentó Guadarrama.
 
 "Entonces, ése es el problema de que él no sea tan conocido, pero sí muy importante, porque junto con otros artistas es de la segunda generación del muralismo".
 
 Para la especialista en muralismo mexicano, uno de los distintivos de Peredo fue retomar el nacionalismo emblemático de la corriente, pero buscando temas históricos que no estuvieran tan trillados, además de poner el ojo en los personajes locales de Veracruz dentro de la gran historia nacional.
 
 A veces completamente figurativo y, en otras, marcadamente expresionista, Peredo también se distinguió por una paleta de color reluciente y festiva.
 
 Su destino como artista estuvo trazado desde muy temprana edad, pues creció en el ambiente artístico e intelectual de su padre, el periodista y publicista Luis G. Peredo, quien entró tempranamente al mundo del cine al dirigir la película Santa (1903).
 
 Cursó estudios de 1945 a 1947 en la Escuela de Arte y Publicidad, para llegar en 1950 a La Esmeralda, donde recibió su enseñanza definitoria.
 
 Su primer mural, Arribo al Mictlán, lo pintó a los 20 años, en la Maternidad Guadalupe de Los Reyes La Paz, Estado de México.
 
 Su trabajo llegaría hasta Francia, donde se encuentra uno de sus proyectos internacionales más destacados: los seis murales que pintó en la Universidad de París XII, institución que lo galardonó con su Medalla de la Universidad.
 
 Activo hasta el final de sus días, desarrolló un importante proyecto de murales transportables a partir de 2018, como uno donde, por primera vez en la iconografía del arte mexicano, retrató a Hernán Cortés ataviado con el atuendo mexica que le obsequiaron emisarios del Emperador Moctezuma cuando desembarcó en Veracruz.
 
 En una entrevista para EFE ese mismo año, dejó claro que su afiliación política y estética con el muralismo se mantendría firme durante toda la vida.
 
 "Mi pintura es continuidad del muralismo mexicano en sus características nacionalistas, pero también humanistas, democráticas y si se quiere socialistas, aunque el socialismo sea solamente un elemento del corazón", expuso.
 
 Guadarrama destacó, precisamente, que no sólo se preocupó por la propia obra, sino por la de sus predecesores, contemporáneos y sucesores, a través de publicaciones periódicas y libros.
 
 "Siempre fue un continuador del muralismo mexicano. Siempre estuvo no nada más viendo su obra, que eso es muy importante también, porque no nada más veía para él, para su producción, sino también trataba de rescatar lo que habían hecho sus colegas en algún momento".
 
 
Una época que se cierra con su fallecimiento, pero como parte de una corriente artística que sigue viva y vigente.
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