Ciudad Fernández, SLP.- Lo que comenzó como reuniones esporádicas de entusiastas del motociclismo se ha transformado en un fenómeno masivo que desafía la seguridad vial en la Zona Media. Grupos de hasta 200 motociclistas se reúnen de manera intempestiva para realizar recorridos de acrobacias y velocidad, operando frecuentemente en la clandestinidad y bajo la coordinación de grupos cerrados de mensajería instantánea.
El punto de reunión estratégico se ha consolidado en el estacionamiento de una refaccionaria ubicada en la intersección del Bulevar Ferrocarrilero y Carlos Jonguitud Barrios, desde donde parten en caravanas nocturnas hacia el Bulevar El Refugio.
La organización de estos eventos ha migrado a plataformas digitales para evadir la vigilancia constante de las autoridades a través de WhatsApp, se lanzan llamados principalmente durante los fines de semana por la noche, atrayendo a una gran cantidad de jóvenes.
En redes sociales circulan videos que documentan no sólo las acrobacias, sino también los accidentes que resultan en raspaduras, golpes, fracturas y daños materiales severos a las unidades. Se ha detectado una presencia considerable de menores de edad participando en estos recorridos de alta velocidad sin el equipo de protección adecuado.
A pesar del carácter clandestino de muchos recorridos, los dirigentes de estos grupos han comenzado a alzar la voz para buscar una solución institucional. Su propuesta principal es la asignación de espacios específicos y controlados donde puedan realizar prácticas acrobáticas sin poner en riesgo su vida ni la de terceros.
El objetivo, señalan, es retirarse de las rúas de alta velocidad para profesionalizar su actividad bajo un esquema de seguridad, reduciendo así la incidencia de accidentes que actualmente saturan los servicios de emergencia en estas jornadas nocturnas.
Aunque en algunas ocasiones se solicita resguardo policial para las caravanas, la naturaleza espontánea de la mayoría de las reuniones dificulta la cobertura de seguridad. Las autoridades locales enfrentan el reto de equilibrar el orden público con la creciente demanda de una juventud que busca espacios para el deporte extremo motorizado.