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HOMILÍA: Cristo, es nuestra vida

Quien vive en Cristo, vivirá por siempre. Porque en Dios, no existe la muerte. Y ésta, se   reduce a  un paso.
 
La muerte, es el peor  enemigo del hombre, pero ésta, ha sido vencida por Jesús.
 
El hombre, nada  puede contra la muerte. Porque, cuando ésta llega, nos deja impotentes.
 
Pero, hoy estamos celebrando la máxima victoria de un hombre: el vencimiento de la muerte; algo, que solo lo puede hacer Dios, siendo hombre.
 
Jesús ha muerto, y ahora resurge a una nueva vida. 
 
Por tanto, ahora  la muerte se reduce a un  paso; el paso, que hay que dar, para renacer a una nueva vida.
 
Ya que, la muerte, no es el último destino del hombre.
 
Y, el que nos ama, nos quiere vivos. Y Dios nos ha dado la vida, para vivirla por siempre.
 
Sin embargo, nosotros por descuido, vamos dejando perder la vida. Pero el Señor, nos devuelve lo que nosotros hemos  perdido.
 
Así dice San Pablo: “Por lo tanto, si hemos muerto con Cristo, estamos seguros de que también viviremos con él; pues sabemos que Cristo, una vez resucitado de entre los muertos, ya no morirá nunca. La muerte ya no tiene dominio sobre él…”. (Rom. 6).
 
El que vive en Cristo, vive por siempre; porque el Señor, es el autor de nuestra vida.
 
Pbro. Lic. Salvador Glez. Vásquez.
 
 
 
Evangelio
Del santo Evangelio según san Juan: 20, 1-9
 
El primer día después del sábado, estando todavía oscuro, fue María Magdalena al sepulcro y vio removida la piedra que lo cerraba. Echó a correr, llegó a la casa donde estaban Simón Pedro y el otro discípulo, a quien Jesús amaba, y les dijo: “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo habrán puesto”.
 
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos iban corriendo juntos, pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro y llegó primero al sepulcro, e inclinándose, miró los lienzos puestos en el suelo, pero no entró.
 
En eso llegó también Simón Pedro, que lo venía siguiendo, y entró en el sepulcro. Contempló los lienzos puestos en el suelo y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, puesto no con los lienzos en el suelo, sino doblado en sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro, y vio y creyó, porque hasta entonces no habían entendido las Escrituras, según las cuales Jesús debía resucitar de entre los muertos.
 
Palabra del Señor.
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