La mente tarda demasiado tiempo en entender lo que el Alma ya sabe desde eones o eternidades. La mente aferrada a que lo tangible es lo único que es real, se olvida de que el Espíritu es quien lo anima. Y es que allí están las obras de arte sublimes, la belleza de un bosque o el aroma de las hierbas húmedas por la lluvia, para conectarnos con lo inefable.
Lloramos ante eventos sincronísticos o aparentemente sobrenaturales, porque rompen con la historia que nos hemos contado sobre la verdad. Los límites mentales a veces son jaulas que ocultan y detienen millones de alas que nunca supieron lo que era volar.
Es verdad que hay que utilizar la mente racional, el discernimiento y la objetividad para gozar de una salud mental plena, pero arrancar el otro hemisferio completamente natural de nuestra psiquis, podría considerarse sumamente peligroso. Le llaman sobre-natural a eventos sobre los que no tenemos control, ni poder, ni posesión.
Es decir, todo aquello que no es medible o comprobable bajo nuestras modestas capacidades humanas. La magia es un regalo que nos viene dado naturalmente a cada Alma.
La semilla del asombro, del poder de influir desde el amor, la fe y la visión en nuestra vida terrena tendría que ser algo sumamente lógico. ¿Por qué será que tiene tan mala prensa la palabra magia? Se le asocia con el daño, la maldad, las malas intenciones o el ritual enfocado en la malignidad. Pero esa es una decisión de algunos seres de como proyectar la energía. Y es que somos energía.
¿Qué acaso no está ocurriendo la magia en el diario vivir? ¿No te parece mágico el proceso de crecimiento del cuerpo? Que le hayamos dado nombres a los sistemas, los procesos, las anomalías y patologías que le suceden, no elimina a esa fuerza vibrante que le hace crecer y recuperarse.
Le llaman pensamiento mágico a la distorsión egóica infantil que permanece en la adultez, cuando pensamos desde la superstición y rompemos con la lógica. Pero ¿De verdad la magia tiene que ver con esto? ¿No será la magia una fuerza psíquica profunda que sucede en el Alma en cada paso que damos hacia el autoconocimiento? Somos laboratorios alquímicos. Somos seres maravillosos viviendo en aprendizaje constante, madurando la sabiduría y la conexión a cada paso, tropiezo, epifanía y aventura que experimentamos en el planeta. ¿Te ha pasado que, al entrar en un sitio, puedes percibir cierto encanto?
Hay algo que no es físico, pero que está habitado por algo que no se puede nombrar. Un jardín puede ser bello, pero carecer del milagro de ser atendido y cuidado con amor, al igual que una casa, una cafetería, una institución o incluso la presencia individual de un ser humano y, por ende, no vibrar ese aire misterioso y mágico. También decimos a veces, “…esa persona es encantadora”
Me encanta, me hechiza, me toca con su magia. Los seres de otros reinos y especies, llevan en su existir la magia de por sí. No hay mente que les haya mutilado su ternura o ese brillo inmenso y Divino en los ojos, que pueden convertir y elevar un espacio aburrido, en uno lleno de ternura y risas. ¿Te ha pasado? Y cuando vemos un paisaje precioso y conectamos por un momento con algo que no podemos explicar más que con la palabra sublime; ¿Qué acaso no está habitado por la magia?
Le llamamos milagro a un suceso que rompe el discurso repetido y aprendido, cuando no es otra cosa que permitirnos abrir la jaula y atrevernos a explorar opciones psíquicas que van más allá de lo convencional. Alas y raíces juntas crean espacios sagrados. ¿Qué no un lugar encantado es un espacio impregnado por historias, intenciones, energías y fuerzas naturales que a veces no queremos voltear a ver? ¿Por qué hay tanto castigo al arquetipo del Mago, la Maga o el Brujo o Bruja? Un(a) Mago(a) es un(a) transformador(a), sabio(a), con visión y capaz de acompañar como mentor(a) espiritual a otros seres, como resultado de una transformación interior o alquimia psíquica, que ahora tiene el poder de alumbrar otros caminos.
Un(a) brujo(a) de luz, es alguien que ya atravesó sus noches oscuras del alma, alguien que derrotó y transformó sus densidades en aceptación, luz y fuerza. El/La brujo(a) es un canal entre lo terrenal y lo divino, un ser que ha despertado a los universos del Espíritu, que sana y que se ha reconocido como parte de la naturaleza.
Así que si tu transformas, te sanas, te conectas, aprecias, te conmueves con la belleza de la naturaleza y haces tu trabajo interno, estás encarnando a estos maravillosos arquetipos y por ende, la magia, ese encanto, esa melodía exquisita que suena únicamente cuando has despertado a la intuición, se vuelve parte de tu diario vivir y entonces, puedes mirar lo que antes no imaginabas que pudiera tocar tu alma, erizar la piel de tu entendimiento, estremecer tu corazón y hacerte sonreír de amor y ternura.
Porque la magia del cielo se presenta cuando los universos del inconsciente se conectan. ¿Cuándo fue la última vez que experimentaste la magia? Deseo para ti, que tu vida se llene de encanto, belleza y energía viva y lo más sagrado del espíritu llene tu camino de conexión con lo sublime.
Gracias por caminar juntos.
Tu terapeuta.
Claudia Guadalupe Martínez Jasso.